EL MUNDO
Se armó la tiradera de cacerolas: Apagones kilométricos en Venezuela tienen a la gente con los pelos de punta y la paciencia en el suelo
"¡Queremos luz!, ¡Queremos luz!". Con ese coro de fondo acompañado por la quema de neumáticos, humo por todas partes y el escándalo de las cacerolas resonando cada medianoche, las calles, barrios y hasta las autopistas de toda Venezuela se han vuelto un polvorín debido al inclemente racionamiento eléctrico que no perdona a nadie.
Esta crisis de los apagones llega justo en el momento en que el país necesita sacudir las tuberías y gastar más electricidad para levantar la producción petrolera, abriéndole de nuevo la puerta a las inversiones de las grandes transnacionales tras cumplirse nueve meses de aquel famoso operativo estadounidense que terminó con la captura de Nicolás Maduro.
Si bien la región occidental del país ya estaba acostumbrada a sufrir cortes diarios de tres a cuatro horitas, la realidad actual es otra muy distinta y mucho más amarga, ya que esta nación dueña de las reservas de petróleo más grandes del planeta está surfeando los peores apagones de su historia, producto de largos años de desinversión, corrupción galopante y pésimo manejo del sector eléctrico.
"Las personas andan malhumoradas, andan molestas, andan estresadas. Se les nota en la cara el descontento que hay", suelta sin pelos en la lengua Daiwuin Terán, un comerciante de 49 años que administra un negocio de víveres en Maracaibo, la capital del estado Zulia, justamente una de las zonas donde las petroleras extranjeras tienen puestos los ojos.
Como la gran mayoría de los venezolanos de a pie, este bodeguero considera que el desespero colectivo está elevando la temperatura social a niveles peligrosos y advierte con preocupación que no entiende a qué están jugando con el servicio eléctrico, soltando la advertencia de que este problema podría convertirse en la chispa del estallido social que nadie quiere pero que muchos temen.
Ante este panorama de agotamiento catastrófico, los ánimos se han desbordado en las calles y a inicios de semana se encendieron las protestas espontáneas por las noches en varios estados, destacando un trancón histórico en la autopista que conecta el occidente con Caracas, donde los manifestantes armaron barricadas con troncos y cauchos viejos que dejaron kilométricas filas de vehículos varados en plena oscuridad.
