Johnny Ventura quedó marcado por una dura niñez que vivió entre La Vega, Montecristi y Santo Domingo

Santo Domingo. RD

El dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina llevaba una década gobernando República Dominicana con manos duras, y la pobreza, que azotaba al todo el país. Para esa época llegó al mundo el niño Juan de Dios Ventura Soriano (8 de marzo de 1940) en Santo Domingo.

Sus padres Martín Ventura y Virginia Soriano no tenían mucho que ofrecerle a su familia. Su padre era miembro del Ejército Nacional, pero contó con la suerte de ganar la lotería y compró una vivienda en La Vega, en donde Johnny vivió parte de su infancia. 

El trabajo de militar lo obligaron a mudarse con toda y familia a Montecristi, al año siguiente sus padres se divorciaron y su madre regresó a La Vega a vivir en la casa que el padre había adquirido.

Sin el sustento económico de su papá fueron muchas las vicisitudes que la familia tuvo que enfrentar, intentando con algunos negocios que fracasaron, tuvieron que vender la casa y mudarse al barrio La Ciénaga.

La crisis obliga a su madre a venderlo todo y trasladarse de nuevo a Santo Domingo. Johnny tuvo dos hermanos mayores, y un menor Federico, el que falleció siendo muy niño, este hecho lo unió muy de cerca con su madre.

Juan de Dios contaba con 14 años cuando regresó a la capital, a continuar sus estudios en la escuela normal de varones Presidente Trujillo, hoy liceo Juan Pablo Duarte. En La Vega estudió becado en el colegio Juan Pablo Duarte.

En la Escuela Presidente Trujillo se graduó de bachiller a los 15 años. Johnny fue un estudiante muy aplicado y gracias a sus excelentes calificaciones no tuvo la necesidad de cursar algunos grados.

Su regreso a la capital fue caótico, su madre trabajaba en casa de una familia, y él hacía de jardinero, pero nunca abandonó los estudios.

La situación continuaba gris para la madre y su hijo, quien tuvo que abandonar la casa, por razones de un miembro de los dueños de la familia, terminó durmiendo, en el suelo, en una zapatería. 

Más adelante, su madre y él logran alquilar un cuartito, en Villa Juana. En esa época siempre recreaba la historia que aprendió a pescar en la playa de Güibia, en el malecón de la capital.

Relataba como modo de motivación, que todas las tardes bajaba al malecón a pescar, de estos pescados vendía una parte y llevaba para darle de comer a su madre.

En su niñez, Ventura ejerció diferentes oficios comunes de niños en su situación económica.

El panorama cambió cuando logró una beca en la escuela La Voz Dominicana, que luego comenzó a trabajar como locutor y su entrada al canto popular marcó para siempre su vida económica. 

(Datos contenidos en el libro “Merengueros”, de Fausto Polanco).



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