SUPERBO – Jeremy Peña escribe su propia historia en los playoffs

Jeremy Peña está viviendo su propia historia, la misma que no es del nivel de los príncipes del negocio, pero tampoco de los jugadores cenicientos.

Cuando hablamos de niños mimados nos referimos a peloteros nacidos en  flor como Vladi Guerrero Jr., millonario a los 16, o Mike Trout, seleccionado en primera ronda, ambos  exprospectos número uno. Su historia tampoco se asemeja a la de sus compañeros Framber Valdez o Cristian Javier, firmados  viejos, por 10 mil miserables dólares cada uno.

Lo de Peña es otra historia. Su padre Gerónimo decidió mudar su familia a Rhode Island cuando el MVP de la SCLA tenía nueve años, luego de finalizar su carrera de jugador profesional. A los 13 años Jeremy  se veía sin muchas cualidades (5´5´´, 130 libras), pero trabajó para llegar a 6´2´´ y 220 libras.

En el 2015 los Yankees lo seleccionaron desde el bachillerato en ronda 39, rechazando esa oferta nada tentadora. Becado por la prestigiosa Universidad de Maine, tras su tercer año de estudios fue seleccionado en tercera ronda por los Astros (535 mil dólares por fichaje). Su paso por las Menores siguió marcado por la discreción (.291-18-85, en tres campañas), aunque impresionó a todos en Lidom en las dos temporadas que vio acción.

Algo llamativo de Jeremy es su ética de trabajo. En RD, luego de fildear y batear, dedicaba bastante tiempo a algo llamado knee drill, que consiste en agacharse, sea en cuclillas o de rodillas, para aparar  desde un par de metros la pelota, como si fuera un niño de cinco años, recibiendo suavemente la bola  o aprendiendo a fildear. El resultado es lo fácil que se ve cuando un batazo llega a los predios de su guante.

Tras el exitoso invierno llegó el más grande reto de Peña en su joven carrera, calzar los spikes del cotizado Carlos Correa. Enfocado, puesto para lo suyo, llenó las expectativas  en la temporada regular (.252-22-63).

La verdadera película del torpedero criollo inició en la Serie Divisional, sobre todo con su cuadrangular en la entrada 18 del juego tres de la serie ante los Marineros para llevar a los Astros hasta la Serie de Campeonato.

El chico de 25 años, con una humildad evidente por encima de la ropa, suma el trofeo de Jugador Más Valioso de la SCLA, más la oportunidad de un anillo de Serie Mundial, nos muestra que ha creado su propio cuento, sin ser ni un príncipe, ni el chico Cenicienta de la historia.

 

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