16 agosto: La Restauración

Si vender la soberanía nacional por temor a las invasiones haitianas o simplemente por un título de marqués y retribución económica fue una acción deleznable, la recuperación a sangre y fuego ha sido una de las gestas más patrióticas y enaltecedoras del pueblo dominicano.

En la gesta contra la traición del infame general Pedro Santana los dominicanos ratificaron su determinación de ser independientes y no colonia de ninguna potencia extranjera. La guerra contra el aguerrido ejército español se inició con el Grito de Capotillo el 16 de agosto de 1863, destacándose los generales José Antonio Salcedo, Gaspar Polanco, Santiago Rodríguez, Benito Monción, Pedro Antonio Pimentel y otros. Pero en los casi dos años que duró la contienda Gregorio Luperón, todavía un jovencito, sobresalió como uno de los más hábiles y fieros combatientes de la gesta restauradora.

El malestar contra los ocupantes cobró cuerpo con la política del bagaje, que consistía en la entrega de cualquier animal de trabajo a los militares españoles, sin ningún tipo de garantía e indemnización.

Los productores dominicanos y los buques no españoles tenían que pagar un arancel más alto, mientras los ocupantes también trataron de monopolizar el comercio del tabaco, que era la principal fuente de riqueza de la época. A todo esto circulaban versiones sobre la implantación de la esclavitud.

La Restauración, que marca el inicio de la segunda República, es una gesta que, por su trascendencia, el pueblo dominicano está obligado a celebrar siempre.

A %d blogueros les gusta esto: