El “tigueraje” de La Ciénaga no da tregua

Que llueva y el agua del río Ozama penetre en sus casas se ha converti­do en una inquietud de segundo orden para los moradores del sector La Ciénaga, en el Distrito Nacional, no solo por los trabajos del nuevo Do­mingo Savio que buscan recuperar las orillas del afluente, sino también porque su preocupación mayor es la delincuencia que arropa sus calles co­mo tsunami.

Vivir entre las aguas de la criminalidad le ha cos­tado a los residentes no solo perder pertenencias, también la tranquilidad de caminar por sus calles y hasta de estar en las ga­lerías de sus propias ca­sas.

Cecilia, una de las más longevas residentes, ma­nifestó que los hechos de­lictivos “siempre se han dado”, pero que desde finales de 2021 e inicios de 2022 los casos se han multiplicado.

“Tú sabes que siempre hay, pero de diciembre para acá empeoró”, dijo la ama de casa, al tiempo que reveló que no hay pa­trullaje.

De su lado, el presiden­te de una de las 17 juntas de vecinos que funcionan en el sector capitalino, explicó que “a las autori­dades se les ha salido de las manos la seguridad ciudadana”.

“Mi país seguro no ha llegado aquí, el que sí es­tá aquí es mi país insegu­ro”, manifestó el dirigen­te comunitario que ya tiene 45 años residiendo en la zona.

De acuerdo con su testi­monio, la poca presencia policial está “combinada con los tígueres (delin­cuentes)” y “la única razón de que el barrio no esté peor es porque la comuni­dad no se amedrenta”.

Un parque del delito
El populoso sector, cuyas calles principales aún lu­cen pavimentadas mien­tras las adyacentes se pier­den entre el deterioro, solo cuenta con un parque para el esparcimiento de los más pequeños, aunque actualmente se tienen que conformar con disfrutarlo de lejos.

De acuerdo con los en­trevistados por este me­dio, el espacio se ha con­ vertido en un lugar donde “te atracan fácilmente”, debido a la carencia de ilu­minación y seguridad, aun cuando el destacamento local está a menos de 100 metros.

Precisamente, los resi­dentes aseguraron que las organizaciones comunita­rias han solicitado en múl­tiple ocasiones la interven­ción de “La canquiñita”, sin que hasta el momen­to, tengan éxito. “Fuimos porque se estaba cayendo una pared del parque, la pared se cayó y ellos aún no han venido”, indicó uno de los comunitarios.

Velas en destacamento
Al caer la noche no solo el parque se queda a oscuras, también el destacamen­to policial de La Ciénaga  que para seguir brindando el servicio deben iluminar con velas el cuartel.

Algunos de los agentes policiales indicaron que como no tienen inversor, “no hay de otra”.

Creciente vertedero
Por otro lado, la acumula­ción de desechos sólidos tampoco pasa por alto en este sector.

Por tratarse de una ba­rriada con callejones por los que no pueden acce­der los camiones de reco­gida de basura, las fundas se van acumulando en las orillas del parque dejan­do como resultado un cre­ciente vertedero.

Población
De acuerdo con los datos que manejan las asocia­ciones comunitarias, en el sector residían 45,000 fa­milias antes de que se pro­dujeran los desalojos para dar paso al proyecto Do­mingo Savio.

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