Ideando – Concursos oficiales de publicidad



Ahora que se pretende enmendar la ley de Compras y Contrataciones Públicas, quiero dejar estas opiniones encima de esa pieza con la esperanza de que puedan ayudar a enriquecer dicha ley y  beneficiar cualitativamente los concursos relacionados con la publicidad.

Los concursos publicitarios oficiales adolecen de aspectos que son vitales: un jurado seleccionador profesional que delibere y enjuicie las propuestas y que al mismo tiempo sea quien escriba los briefings a partir de las necesidades del servicio y/o el producto que se esté licitando.

Someter una campaña al escrutinio de personas que solo la valorarían por sus cualidades de ejecución o  por su caprichosa simpatía o por su costo, es un verdadero desatino. Pues de esa manera la publicidad no sería una respuesta efectiva al problema que intente resolver, sino una obra de arte que deslumbre y complazca a un jurado por una de las causas planteadas.

Desde hace años, existe desconfianza de los concursos publicitarios oficiales entre la gran mayoría de las agencias publicitarias del país. No solo en lo concerniente a la pulcritud de la selección, sino también en cuanto a la ponderación profesional de las deliberaciones. Además, el factor costo no siempre representa la mejor opción para una institución. Lo más económico muchas veces termina siendo lo más costoso en términos de eficiencia.

Esa es una realidad que se advierte cuando se habla del tema entre colegas.

Para muchas agencias de indudable profesionalidad, los certámenes publicitarios auspiciados por instituciones públicas terminan siendo aprobados o rechazados por gente sin calidad profesional para hacer ponderaciones correctas.

También critican el hecho de que para concursar, en muchos de los casos, es preciso incurrir en gastos importantes.

Tomando en cuenta todos estos aspectos, me permito proponerle a Compras y Contrataciones Públicas y a las instituciones del estado, contratar profesionales de la publicidad que operen secretamente y sean quienes hagan las evaluaciones de las campañas y que ese equipo esté siempre presidido por el incumbente de la institución convocante. Ese mismo grupo de profesionales del área, en función de las necesidades de la institución,  prepararía los briefs y establecería los requisitos y  límites del concurso.  Algo así como lo que se hizo con el logo Marca País luego de los inconvenientes sobre su autenticidad y el grupo de expertos que posteriormente comandó el proceso.

Otro aspecto a ponderar sería el de obligar a los oferentes a que su participación se haga con seudónimos, aunque las presentaciones de las campañas tengan que hacerse de manera digital. Así se despejan las dudas y se harían más confiables los resultados de los mismos.

Estas iniciativas las planteo con el único propósito de que los concursos de publicidad oficiales se desarrollen con absoluta transparencia y mayor profesionalidad.

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