No hay oro sin lodo



Todo resultado conlleva esfuerzos y consecuencias. La historia de la minería es la historia de la humanidad, sin ella no habríamos logrado nada y todavía estuviéramos en las ramas (literalmente). Ha sido el dominio de la técnica del procesamiento y aprovechamiento de los minerales lo que nos permitió deambular erguidos por las sabanas africanas, hace millones de años, hasta llegar a la Luna.

Nuestro país posee importantes y diversas reservas mineras cuyo aprovechamiento nos ha permitido -a lo largo de décadas- contar con recursos significativos, que cada día se consolidan como decisivos en nuestras finanzas públicas. Sin ir más lejos, el oro es nuestro principal producto de exportación. Detrás de la industria del oro también hubo una historia de dolor y daño. Negar el desastre ambiental ocasionado por Rosario Dominicana no es suficiente para ocultarlo (sin olvidar que era otro tiempo, otros paradigmas, otras normas, otras tecnologías), pero no reconocer que la gestión de dicho pasivo heredado por parte de la empresa Barrick Gold ha sido notable, sería mezquino; y tratar de vincular los daños ocasionados por otros en el pasado, con operaciones realizadas por esta empresa en el presente -de manera transparente y responsable-, sería perverso.

Así las cosas, la vida útil de esta mina, de la cual el Estado dominicano es accionista, se encuentra condicionada a la construcción de una nueva presa de relaves (colas), a los fines de disponer de mayor espacio donde almacenar los materiales residuales generados durante el proceso de minado y aprovechamiento del mineral. Ubicar un lugar apropiado fue todo un desafío y se exploraron diversas alternativas, algunas de las cuales fueron rechazadas por comunidades e instituciones, hasta que, finalmente, en un acto de mucha responsabilidad y trascendencia, el presidente Abinader dispuso mediante el decreto No. 270-22 “la ampliación de la Reserva Fiscal Montenegro, para la instalación de una facilidad de codisposición de relaves y rocas sin valor económico”.

Toca ahora realizar estudios de impacto ambiental y de factibilidad técnica y económica, y lograr la aprobación de los ministerios de Medio Ambiente y Energía y Minas, sujeta al cumplimiento del marco legal interno y los más altos estándares internacionales; toca explorar en el terreno la viabilidad de la propuesta, y también socializar con las comunidades periféricas el impacto de la obra y las medidas de mitigación; toca construir canales de comunicación y entendimiento con el sector ambiental organizado, garante legítimo de la sostenibilidad y licenciamiento social de esta importante obra. Que así sea, enhorabuena..



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