Testigo del Tiempo – Peligra la Cumbre de las Américas



J.C. Malone

La novena Cumbre de las Américas de junio próximo, en Los Angeles, puede ser un fracaso resonante, donde iniciaría la quiebra del frágil e infuncional sistema interamericano.  Una cumbre fracasada sería un duro revés para el liderazgo regional estadounidense.

Sería catastrófico para el liderazgo del presidente Joe Biden, internamente cuestionado por su imposibilidad de hacer que todos los legisladores demócratas apoyen su agenda.

Los presidentes de las dos naciones más importantes al sur de la frontera estadounidense, por motivos diferentes, México y Brasil, podrían no asistir.

El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador dice que si no invitan a Cuba, Venezuela y Nicaragua, él no asistirá al cónclave, Honduras y Bolivia sostienen la misma posición. Aseguran que no se sentarán en la misma mesa con Juan Guaidó, a quien Estados Unidos reconoce como “legítimo presidente” de Venezuela, aunque nadie lo eligió.

El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, es casi seguro que no asista, además de que no tiene buenas relaciones con el presidente Biden, tiene poco que buscar en la Cumbre.  Bolsonaro está bien cerca del presidente de Rusia, Vladimir Putin, forman parte del cohesionado grupo de economías emergentes conocido como BRICS.

Bolsonaro enfrenta una difícil batalla electoral en octubre y, desde ahora, desacredita el proceso electoral antes de que ocurra, como hizo su buen amigo el ex presidente Donald Trump. Bolsonaro no vendrá a Los Angeles a escuchar cátedras de democracia y alternabilidad en el poder.

Si los presidentes de las tres principales economías de Latinoamérica no asisten, entonces la Cumbre de las Américas perderá su brillo y hasta legitimidad. Brasil y México son dos gigantes, Venezuela tiene las principales reservas petroleras del mundo, sin esos tres países cualquier acuerdo carecerá de funcionalidad y legitimidad.

Liderazgos deficientes

La cumbre podría resultar un episodio humillante para los Estados Unidos y su influencia política en la región, también serios problemas para el liderazgo interamericano de Biden.

Faltando unas tres semanas para la cumbre, el Departamento de Estado admite que aún no ha invitado a ningún jefe de Estado.  Esto expone lo delicada de la situación, no se atreven a no invitar a Cuba, Venezuela ni Nicaragua, pero tampoco se atreven a invitarlos, por esa razón, nadie ha sido invitado.

Biden no puede invitar a Cuba porque se buscará un problema con el jefe del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, el senador demócrata cubano-americano, Robert -Bob- Menéndez.  Esa no es buena idea en momentos en los que la nación está enfrascada en la guerra entre Ucrania y Rusia. El liderazgo de Biden está bajo cuestionamiento por su incapacidad de unificar a los senadores demócratas. Joe Manchin de Virginia Occidental, y Krysten Sinema de Arizona, obstruyen abiertamente la agenda de Biden, no debe buscarse un problema con Menéndez.

Cuba fue invitada a dos cumbres previas, la de Panamá y la de Perú.

Biden no puede darse el lujo de pelearse con López Obrador, porque si México no coopera con la política migratoria estadounidense la situación será mucho peor. Además, él cooperó con Trump, que Biden no pueda contar con su apoyo dice mucho de su liderazgo deficiente.

México no apoyó el embargo económico contra Rusia, si su presidente, López Obrador, no acude a Los Angeles, Biden tiene un serio problema al cruzar la frontera.

La globalización se quebró con la reacción de Estados Unidos y la Unión Europea a la invasión rusa a Ucrania. Hoy el mundo está dividido en dos bloques, quienes apoyan los embargos económicos contra Rusia y quienes no la apoyan.

Si fracasa la Cumbre de las Américas, estaríamos asistiendo al deterioro de los mecanismos de cooperación interamericana, aumentando la desintegración de los mecanismos de cooperación internacional a nivel global.

La primera Cumbre de las Américas se celebró en Miami del nueve al 11 de diciembre de 1994, Bill Clinton era presidente estadounidense, asistieron 34 países. La novena, en Los Ángeles, podría ser la última.

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