Tragedia de Chiapas: “Bacalao”, el banilejo que recorría más de 20 kilómetros diarios para visitar a su madre

Baní, provincia Peravia, R.D.

Los dominicanos muertos en la tragedia de Chiapas, en México, dejan una historia de trabajo, unión familiar y, algunos, de ser el soporte económico o los hombres de confianza de sus padres.

Edison Yunior Báez (Bacalao) no es la excepción: de los seis banilejos y un azuano de los que el Listín Diario ha conocido sus vidas, este es otro ejemplo de trabajo.

Era padre de cuatro hijos y deja a sus familiares devastados. Aunque vivía en el municipio Nizao, iba todos los días al sector Las 20 Casitas, al norte de Baní, a visitar a su madre, entre las 7:00 y 7:30 de la mañana.

Era prestamista, le iba muy bien, dijo su padre Manolo Carmona, quien le había suplicado el pasado lunes cuando se fue a despedir para ese viaje incierto “que por favor no se fuera”.

“Le dije que lo pensara bien que él estaba bien aquí, pero no me escuchó”, cuenta su progenitor.

Mientras que Yeni Martínez, su madre, no para de llorar. A ella también le mintieron, como a las madres de otros dos fallecidos y dos días después fue que le dijeron que él murió en el accidente, tratando de llegar a los Estados Unidos.

“Bacalao” era un joven muy popular en Baní y Nizao, habría pagado casi un millón y medio de pesos para juntarse con dos de sus hermanos que llegaron hace unos meses a Estados Unidos, en un viaje ilegal similar.

De las casi 20 víctimas del vuelco de un tráiler en Chiapas, México, tratando de llegar a Estados Unidos, hay otras historias.

Juan Alberto Soto Ortiz dejó cinco hijos y se fue cargado de esperanza de trabajar para luego llevárselos y juntarlos con su esposa en Estados Unidos. Ella también se habían ido de forma ilegal.

Yuniel Mordán Báez era un empelado de colmado del distrito municipal de El Cañafístol; Rafelín Martínez Castillo, un artesano de la localidad de Boquerón, en Los Pilones, Azua.

Ángel Lugo García y Frantony Matos González, ambos jóvenes del distrito municipal de Catalina. El primero era “la mano derecha” de su padre, un maestro constructor.

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