Un franciscano pionero de las reducciones jesuitas en Paraguay



Manuel Pablo Maza Miquel, S.J.

En 1539, antes que el Paulo III aprobara a los jesuitas, Francisco Javier iba hacia la India. Moriría a las puertas de China en 1552. Javier cumplía una de las tres características fundamentales de la actividad misionera jesuita: la movilidad apostólica. Los primeros compañeros se habían obligado “a ir inmediatamente, en cuanto esté de nuestra parte, sin tergiversaciones ni excusas a cualquier parte del mundo a donde nos quieran enviar, o a los turcos, o a cualesquiera otros infieles, aun aquellas partes que llaman Indias, o a otras tierras de herejes o fieles cristianos.” (Manuel González Revuelta, S.J., 2006, “Los jesuitas en América. Gloria y cruz de las Reducciones”. Once calas en la historia de la Compañía de Jesús, 115 – 116 y ver Diccionario Histórico S.J., 2001).

Una segunda característica: los jesuitas se comprometían a inculturarse mediante “el conocimiento, estimación y aceptación de los valores culturales de los pueblos evangelizados, de sus tradiciones, lenguas y costumbres”. Así vemos a Roberto di Nobili, S.J. (1577 – 1656) vivir como brahamán en la India y a Mateo Ricci, S.J. (1552 – 1610), como mandarín en China en la corte del Emperador.

Finalmente, “la tarea evangelizadora iba acompañada de la enseñanza de conocimientos humanos, oficios artesanos y progresos técnicos, es decir, de una promoción educativa y social.”

En 1580, el franciscano Fray Luis de Bolaños, se adentró solo y sin escolta entre los indios guaraníes. Treinta años más tarde, cuando los jesuitas establezcan reducciones estables, emplearán los apuntes y el vocabulario en lengua guaraní que Fray Bolaños les había entregado generosamente sin parar mientes en sus años de trabajos redactándolos. “Los jesuitas alabaron siempre a este santo misionero franciscano, –gran lengua [intérprete], gran siervo de Dios y amigo nuestro”. 

Los portugueses y muchos colonos españoles se oponían a los jesuitas. Los portugueses aspiraban a esclavizar los indios y los encomenderos españoles a exigirles trabajos forzados como pago por la catequesis. Ya en 1603, el Padre Diego de Torres escribiendo a Felipe III le exponía “el servicio personal obligatorio” es “la causa de la despoblación de aquellas regiones”. En 1608, los jesuitas liberaron a todos sus servidores indios en Chile, Tucumán y Paraguay.

Los vecinos de Asunción recibieron a los jesuitas bajo palio, años después, les torcían el rostro para mostrarles malevolencia.

Veamos la respuesta jesuita a la amenaza portuguesa.

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