EL PAIS
¡Hay de todo y para todos! El "delivery" de estupefacientes no conoce la crisis en RD
Mientras los grandes cargamentos acaparan los titulares de películas, el microtráfico en República Dominicana ha montado una sucursal en cada esquina. No serán multinacionales, pero su crecimiento es tan constante que ya parece un sector económico más. Durante el primer trimestre de 2026, las autoridades se han hartado de recoger "mercancía", sumando más de 2.59 toneladas de drogas en casi 7,000 operativos.
El menú del barrio: Cocaína, Marihuana y un toque de Crack
El mercado local es como una montaña rusa de sustancias. Si en enero la cocaína era la reina absoluta (con el 86% de las incautaciones), para marzo la marihuana le dio el "sorpasso", demostrando que los gustos del consumidor dominicano son de lo más variados.
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Enero: Dominio total del polvo blanco y millones de pesos en efectivo.
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Febrero: Menos bulto pero más variedad; el éxtasis y el crack ganaron terreno.
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Marzo: La marihuana se corona como la favorita, superando a la cocaína en volumen.
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Abril: La cocaína reclama su trono con un repunte de más de 500,000 gramos.
Un negocio que "fluye" entre pesos y dólares
Lo que más sorprende no es solo la droga, sino el dinero en efectivo. Con millones de pesos y miles de dólares circulando en puntos de venta urbanos, el microtráfico demuestra tener un flujo de caja que ya envidiaría cualquier Pyme. Santiago, Santo Domingo y Puerto Plata son los epicentros de este "dinamismo" que no se detiene ni por los operativos de la DNCD.
¿Drogas en el parque? La peligrosa normalización
Ya no es un secreto a voces; es parte del paisaje. Según expertos y operativos recientes, hay una creciente tolerancia social al consumo en espacios recreativos y residenciales. El microtráfico se ha mimetizado tanto con la dinámica barrial que opera casi como un servicio esencial.
La investigadora Tahira Vargas advierte que las redes sociales están haciendo de las suyas, vendiendo la marihuana como algo casi "medicinal", lo que ha disparado el consumo entre jóvenes. El problema es que, mientras el negocio evoluciona a ritmo de fibra óptica, la ley sigue sin distinguir bien quién es el que vende y quién es el que consume, tratando todo como un problema policial y no de salud pública.
