47 AÑOS DESPUÉS, MÍ CORAZÓN SIGUE ABATIDO

Por Lic. Agustin Torres.

El día 2 de agosto del 1975, corrí como loco por saber que significaba una inmensa humareda que arropaba a todo pueblo nuevo y se disgregaba a todos los demás sectores.

No sé si corría o volaba, en ningún momento noté el tiempo que me tomó en llegar a la verja ciclónica de la licorería de envejecimiento de los Bermudez y solo sentía una fuerza interior que me hacía correr como si de mí dependiera evitar aquel siniestro devorador, que dejaría sin nada a todos aquellos desdichados que caerían en la peor de las desgracias.
Lágrimas de dolor salían de mis ojos y la impotencia me embargaba, como si con aquel fuego muchas vidas se apagaban.
Ahí estuve por mucho tiempo, confundido y deprimido, sin saber que hacer, ni si me iba o me quedaba.
Ese fuego prendió en mí y siete años después pasé a ser parte de aquel pueblo olvidado, para hacer de este  un pueblo digno, de hombres y mujeres laboriosos y que merecian y merecen mejor suerte.
Viva Cienfuegos, hasta la Victoria siempre.
Esa tragedia la recuerdo como si estuviera ocurriendo ahora.

Ese siniestro me reconfirmó algo que yo sabía por teoría. Estos ojos observaron el despliegue de un *contingente militar* en todo el perímetro de las bodegas de los Bermúdez.

Ahí comprendí muy bien que el sistema protege con eficiencia a la burguesía, es decir, a las élites empresariales, pero no ocurre lo mismo cuando el incendio es en uno de nuestros paupérrimos barrios.
Hoy podemos decir con conocimiento de causa, que este es un sistema desigual e inhumano.

El cerro de papatin ardió, nunca se supo porqué ni por culpa de quién.

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