Soy hijo de la iglesia y me debo a ella

Monseñor Ozoria considera que los valores familiares fueron un factor “importantísimo” para su formación sacerdotal

La vida de Francisco Ozoria Acosta cambió un día cuando llegó a la casa de sus padres y encontró a unos catequistas que estaban impartiendo un cursillo.

Esa “magnifica experiencia”, como él mismo la describe, fue como un completivo para la formación cristiana de un adolescente de 15 años que cursaba el octavo curso y que se desenvolvía con el manejo de la palabra de Dios y de la Biblia. A partir de ese día se integró al grupo para ser catequista.

Luego, con la visita de monseñor Juan Antonio Flores a su comunidad ingresó al Seminario Menor San Pío X, de Licey al Medio, Santiago, en septiembre de 1967.

Según explicó, para él fue fácil vivir esos valores de la espiritualidad y de la fe en el seminario, “de una firme decisión que fue madurada en la familia, en ella se construyó todo”.

  1. Nacimiento
    Nací en un campito de Nagua llamado Frenito, había un riíto pequeño que le daba ese nombre al campo. Mi mamá, Altagracia Acosta Lantigua, era ama de casa y mi papá, Nazario Ozoria Mosquea, era agricultor, trabajaba en la finca de José Canario, mi padrino de confirmación. Cuando tenía ocho años nos mudamos a Payita, dónde había otras condiciones de vida más independientes, como a papá le gustaba la agricultura, allá comenzó en la siembra de arroz. Crecí muy ligado a mi padre, lo ayudaba en la agricultura, mi trabajo principal era majar el arroz por la mañana junto a un hermano de crianza y llevarle el desayuno al trabajo que no estaba cerca. En Payita permanecí hasta los 12 años porque la escuela solo llegaba al 4to. curso. Como mi mamá era muy apegada a mí y no quería desprenderse, era su único hijo, pasé un año sin ir a la escuela hasta que papá se impuso y le dijo que no me iba a quedar solo en cuarto, entonces me envió a estudiar a la Escuela Mercedes Bello de Nagua, mi abuela paterna Andrea Mosquea vivía allá junto a mis tías Julia Anatolia y Luz Ozoria. Aprendí mucho de los consejos de mi abuela, de su sabiduría, ella me condujo a la fe, de ir a misa, de que estuviera atento a la religión. Con ella duré 4 años. Realicé el 8vo. viajando de Payita a Nagua, los viernes me iba a casa de mis padres para pasar el fin de semana y los domingos en la tarde regresaba a casa de mi abuela. En los últimos años de estudio, papá me consiguió una bicicleta, pero los caminos malos”.
  2. Llegada de la vocación
    Cuando terminé el 8vo., empecé a prepararme para continuar el bachillerato de la misma manera, pero ahí me llegó la vocación. Un día del mes de junio llegué a la casa y encontré a unos catequistas dando un cursillo y papá lo estaba haciendo. Como no había que ir a la parcela, me integré al grupo. Fue una magnífica experiencia, la catequesis fue como un completivo para mi formación cristiana, era un adolescente de 15 años, me desenvolvía con el manejo de la palabra de Dios, de la Biblia… Cuando terminó ese curso me integré al grupo para ser catequista, recuerdo que para la clausura vino el obispo monseñor Juan Antonio Flores, eso fue en julio 1966. Cuando él fue al final de la misa, preguntó si alguno de los muchachos querían ir al seminario y de una vez pensaron en mí. Como ya me había ido, monseñor me mandó a buscar a la casa de Erasmo Reyes, una familia de la Iglesia que acogía a los sacerdotes y obispos y él se estaba quedando ahí. Hablamos rápidamente, me hizo algunas preguntas y luego me fui a mi casa, pero me citó de nuevo para seguir hablando y me dijo que llevara una mascota. Llevé la más bonita, en ese tiempo tenía buena escritura y a él le impresionó mucho eso. Cuando me preguntó si quería ser sacerdote, le contesté que sí, pero que mi familia era muy pobre y no teníamos recursos, que había oído que esos estudios eran muy costosos. Ante esa dificultad, me dijo no te apures, que Dios proveerá los recursos. Ese día quedé admitido al seminario, monseñor me dio en un papelito el nombre del Seminario San Pío X en Licey, Santiago, mis padres se pusieron muy contentos”.
  3. Preparación
    Cuando llegó la lista de lo que había que llevar al seminario, la gente empezó a preparar esa maleta, personas que trabajaron mucho en esa preparación como Chía, su hermana Chencha, Cuba, Juan García e Isabel Molina… Mi papá que era aguilucho 100% tenía un radio de transistores donde escuchaba la pelota, como ya estaba pago le aconsejaron que lo rifara. Eso fue una buena ayuda, con la gracia de que no se sacaron el radio, se consiguió el dinerito y papá se quedó con el radio. Alfredo Paulino, esposo de Isabel, muy contento me llevó en su vehículo al seminario junto a mi padre, allí me encontrarme con los formadores monseñor Rafael Felipe, el padre Fello, Vinicio Disla, Francisco Almonte que era de mi diócesis de La Vega y el padre Jiménez que era el rector interino en ese tiempo, porque monseñor Moya estaba en España haciendo un curso de Pastoral. A los 10 días de entrar al seminario cumplí mis 16 años y a partir de ahí comenzó esa formación integral, fueron 4 años de aprendizaje”.
  4. Vida cristiana
    Durante el proceso vocacional hubo alguna crisis, pero también una firme decisión que fue madurada en la familia, en ella se construyó todo, papá y mamá de una vida cristiana, así que me fue fácil vivir esos valores de la espiritualidad y de la fe en el seminario. Los valores familiares fueron un factor importantísimo para mi formación sacerdotal. Hubo una crisis fuerte, porque en el primer año mandaron a un sacerdote a mi parroquia Baoba del Piñal, muy bueno, me integré mucho con él, pero al segundo año dejó el ministerio, eso creó un problema pero lo superamos con ayuda de los sacerdotes, del padre Fello… Luego, pasamos al filosofado de Santiago, íbamos a la Universidad Madre y Maestra, esa etapa fue de mucho aprendizaje, había muchachas y muchachos que cursaban materias con nosotros, fue muy bueno, al terminar llegamos al Seminario Mayor Santo Tomás de Aquino. Al final de los estudios fui ordenado diácono en 1977”.
  5. Trabajo pastoral
    Luego de ser ordenado diácono me enviaron como formador al Seminario Menor, mi ordenación coincidió con la creación de la nueva Diócesis de San Francisco de Macorís. Me ordené el 2 de septiembre y el 16 comenzaba el seminario, iba acompañar a Fausto Mejía que era el rector del seminario de La Vega, duré 3 años como formador y encargado vocacional de la diócesis de San Francisco de Macorís, tenía que promover las vocaciones y fue una experiencia también muy bonita el de dar lo que había vivido. Después, el nuevo obispo Nicolás de Jesús López Rodríguez que sustituyó a monseñor Flores me envió a la parroquia María Madre de la Iglesia. Al principio sentí mucho miedo porque no había sido párroco, pero siempre digo que ellos me formaron a mí como pastor y yo los ayudé a ellos, ahí duré 7 años”.
  6. Vicario
    Siempre tuve como base la parroquia María Madre de la Iglesia, pero también fui párroco en la San Juan Bautista de Pimentel por más de un año y en la de San José de Cenoví otro año, era como un taponero. Como párroco de esas parroquias fui motivado por necesidades que había en la diócesis y que el obispo quiso responder y pensó en mí para hacerlo. También fui nombrado vicario de pastoral, pasé 14 años en la diócesis de San Francisco de Macorís, desde la parroquia María Madre hacía esos trabajos en otras parroquias, eso me llevaba mucho tiempo, había muchas tensiones, muchas responsabilidades. Ahí aprendí lo que era la jaqueca, fueron años intensos pero bien vividos, bien aprovechados… Como vicario coordinaba la pastoral en la diócesis para que las cosas se hicieran, tenía que motivar a las parroquias, incluirlas en los programas y en mi diócesis y lo logré gracias a Dios. Tenía como principio el Plan Nacional de Pastoral, viví el primero, el segundo y ahora estamos en el tercero. Todavía en esas parroquias recuerdan ese trabajo pastoral y esa organización”.
  7. Formación especial
    Cuando salí de esas parroquias me tocó ir a Roma a estudiar Pastoral, fueron 2 años de mucha experiencia, de vivencia y de proyección. En Roma me decían tú no te vas a quedar para el doctorado después de la especialidad, les contestaba que no, que el doctorado ya lo había hecho antes, pues tenía 12 años de vicario de Pastoral. Al regresar de Roma, me mandaron al Seminario Mayor como formador y profesor de Pastoral, eso me ayudó mucho, tuve que sacar de lo que había vivido”.
  8. Obispo de San Pedro de Macorís
    Siendo párroco en Nagua, el papa Juan Pablo segundo me nombró obispo de San Pedro de Macorís, como soy hijo de la iglesia y me bebo a ella, ahí comenzamos a trabajar con muchas precariedades, solo había tres sacerdotes dominicanos y 10 religiosos, teníamos que trabajar por las vocaciones y la adopté como prioridad. De una vez comencé a reunir a los jóvenes, convoqué a jornadas vocacionales y empezamos un preseminario. Tenía en la Iglesia Catedral un padre, los franciscanos y los capuchinos, monseñor López Rodríguez los motivó para que entregaran la Catedral al obispo que los recibiera en otra parroquia, entonces conseguí un padre para la iglesia. En Iglesia Catedral había 6 habitaciones, porque los capuchinos vivían ahí, me decía si encuentro algunos jóvenes que sean vocacionales me los traigo con el párroco. Durante las jornadas vocacionales encontramos 11 jóvenes, pusimos 10 ahí y uno como sacristán de la iglesia San Pedro porque tenía una larga experiencia de catequista, era un estudiante de séptimo semestre de Medicina. Lo mandé para el Seminario Mayor y hoy en día es el padre Daniel Elías. También está el padre Paul Antonio Ramírez, que cuando se dedicó al sacerdocio era estudiante de término de Ingeniería Industrial, pero que todo el mundo lo veía como una agente de pastoral, un líder cristiano y posible candidato. Lo mandamos a estudiar y ahí lo tenemos. Después de ordenarse sacerdote, le di el permiso para que terminara la carrera. Ser formador en el Seminario Menor y Mayor fue una experiencia muy buena que ha dado sus frutos”.
  9. Cambio a Santo Domingo
    Permanecí 19 años y 5 meses en San Pedro de Macorís, una misión cumplida allá y nuevamente la iglesia me pidió que venga para ser el arzobispo de Santo Domingo. El nuncio Okolo, que llegó al terminar su misión monseñor López Rodríguez me dijo que necesitaban un nuevo arzobispo, que el papa Francisco había pensado en mí y acepté. Miedo no me faltó, pero me dije que si Dios me envía y la iglesia cree que lo puedo hacer, voy a donde me manden y aquí estamos, ya 6 años cumplidos de trabajo, de guía, de coordinador de la pastoral acompañando a este pueblo de la arquidiócesis. Se me ocurrió la idea, con el conocimiento pastoral de crear las Vicarías Pastorales, donde he aplicado lo que viene siendo como un principio de administración de empresas, dividir por sector la iglesia en vicarías territoriales, estamos trabajando en esa estrategia pastoral y creo que está dando mucho fruto y vamos avanzando”.
  10. Experiencias bonitas
    En la Conferencia del Episcopado Dominicano (CED) asumí también algunas responsabilidades como ser el presidente de la Comisión Nacional de Laicos, donde estuve por dos períodos y ahora soy presidente nuevamente después de un receso. También, presidente de la Pastoral de la Movilidad Humana por 6 años, después de un receso volví, ya son 12 años, ésta encierra las pastorales Migratoria, de Turismo, Haitiana y de Santuario. Además, fui por 6 años presidente de la Patronal Juvenil Nacional, una experiencia muy bonita trabajar con los jóvenes, ayudarlos, motivarlos y apoyarlos en su trabajo, en su vida de fe. Una experiencia muy bonita también fue cuando hice de delegado para los Congresos Eucarísticos Internacionales donde se reúnen congresistas de todo el mundo, participé de varios en Irlanda, Filipinas… Ahora está monseñor Nicanor delegado para los Congresos Eucarísticos”.

Obispo castrense de la Rep. Dom.

“Cuando fui a la Jornada Mundial de la Juventud Cracovia, Polonia, recién nombrado Arzobispo me encontré con el prefecto de la Congregación de Obispos, él fue quien me dijo que me nombrarían Arzobispo de Santo Domingo.

Recuerdo que le dije: en lo que ustedes me han metido, entonces me contestó que me tenían algo más, que el arzobispo también es ordinario castrense. Aquí estamos, hemos empezado esa experiencia como ñapa de la arquidiócesis, me tocan también las fuerzas castrenses de todo el país, eso incluye los militares y policías con sus dependientes y sus empleados, que suman más de 600 mil personas. He tratado de dar un cambio, estoy trabajando con la identidad de esa diócesis que es distinta a las otras, es una diócesis personal, pero tiene sus exigencias, sus desafíos, hay la obligación de atender a esos guardias, policías y sus familiares”.

Relación
“Crecí muy ligado a mi padre, lo ayudaba en la agricultura, mi trabajo principal era majar el arroz por la mañana junto a un hermano de crianza y luego llevarle el desayuno al trabajo que no estaba cerca”.

Aprendizaje
Papá me envió a estudiar a la Escuela Mercedes Bello de Nagua, mi abuela paterna Andrea Mosquea vivía allá. Aprendí mucho de sus consejos, de su sabiduría, ella me condujo a la fe”.

Estudios
A los 10 días de entrar al seminario cumplí mis 16 años y a partir de ahí comenzó esa formación integral, fueron 4 años de aprendizaje”.

Religiosidad
En mi proceso vocacional, hubo una firme decisión que fue madurada en la familia, en ella se construyó todo, papá y mamá de una vida cristiana”.

Desginación
Luego de ser ordenado diácono fui destinado a ser formador al Seminario Menor, que coincidió con la creación de la Diócesis de San Francisco de Macorís”

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