OPINIÓN
Un Momento

Por Mons. Benito de la Rosa y Carpio.
El mundo de la comunicación crece en todas sus formas y plataformas, pero no siempre con la calidad y responsabilidad que debería. Hoy abundan voces que se hacen llamar comunicadores, y aunque logran difundir mensajes, muchas veces lo que propagan son chismes, vulgaridades y falsedades que degradan la convivencia. Ante este escenario, la formación seria y ética de quienes quieren dedicarse a comunicar es una tarea impostergable. No basta con tener un micrófono o una cámara; se necesita preparación, compromiso y conciencia social.
Educar verdaderos comunicadores significa forjar personas que difundan la verdad y promuevan valores. Solo así los medios podrán cumplir su misión de orientar y edificar a la sociedad.
Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.