EL PAIS
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WASHINGTON. – La crisis de la vivienda no es un fenómeno exclusivo de Europa. En Estados Unidos, el acceso a una vivienda digna se ha convertido en uno de los principales problemas sociales y económicos, impulsado por el aumento sostenido de los precios y el elevado costo de la vida.
A menos de un año de las elecciones de mitad de mandato, el presidente estadounidense Donald Trump anunció este miércoles su intención de prohibir a los grandes inversores institucionales, fondos de inversión, bancos y corporaciones la compra de viviendas unifamiliares, con el objetivo de frenar la escalada de precios en el mercado residencial.
“Durante mucho tiempo, comprar y ser propietario de una casa se consideró la máxima expresión del sueño americano”, escribió Trump en Truth Social, la red social creada por él tras su salida de X. “Hoy, debido a la inflación récord provocada por Joe Biden y los demócratas en el Congreso, ese sueño está cada vez más fuera del alcance de demasiados estadounidenses, especialmente de los jóvenes”, agregó.
Sin embargo, el mandatario no detalló cómo se implementaría la medida, ni aclaró si requerirá aprobación del Congreso, lo que ha generado dudas sobre su viabilidad legal y política. Trump adelantó que presentará nuevas propuestas sobre vivienda y asequibilidad en dos semanas, durante su intervención en el Foro Económico Mundial de Davos.
Impacto inmediato en los mercados
El anuncio tuvo un efecto casi inmediato en los mercados financieros. Las acciones de Blackstone, el fondo con la mayor cartera inmobiliaria del mundo, llegaron a caer hasta un 9.3 %, mientras que Invitation Homes, el mayor arrendador de viviendas unifamiliares del país, perdió alrededor de un 7 % de su valor en bolsa, según datos de Bloomberg.
En los últimos años, grandes fondos de inversión y corporaciones han adquirido amplias carteras de viviendas residenciales, reduciendo aún más la oferta disponible para compradores particulares. De acuerdo con cifras recopiladas por The Wall Street Journal, en 2022 estos inversores compraron una de cada cuatro viviendas vendidas en Estados Unidos.
Trump ya había adelantado que analizaba la aprobación de “los planes de vivienda más agresivos de la historia del país”, aunque hasta ahora no había ofrecido detalles concretos.
Asequibilidad y presión social
La preocupación del presidente se centra en la crisis de asequibilidad que enfrentan millones de familias estadounidenses, una situación comparable a la que se vive en Europa y otras regiones del mundo. Aunque la inflación ha mostrado signos de desaceleración, el incremento acumulado de precios en los últimos tres años supera los dos dígitos, erosionando el poder adquisitivo de los hogares.
La subida de los tipos de interés, aplicada para contener la inflación, también ha impactado negativamente en el mercado inmobiliario. La combinación de escasez de oferta y demanda debilitada ha dificultado aún más el acceso a la vivienda. Hace meses, incluso se llegó a plantear la posibilidad de hipotecas a 50 años como alternativa para facilitar la compra.
Según Torsten Slok, economista jefe de Apollo, el 40 % de los hogares estadounidenses no tiene hipoteca, frente al 33 % registrado en 2010, un dato que refleja cambios estructurales en el mercado inmobiliario.
El debate político se intensifica
La crisis de la vivienda también ha marcado la agenda política a nivel local. En Nueva York, el nuevo alcalde Zohran Mamdani logró la victoria electoral con un discurso progresista que incluyó la promesa de congelar los alquileres de las viviendas públicas, capitalizando el descontento ciudadano.
Mientras tanto, algunos indicadores muestran una leve mejoría. La compraventa de viviendas aumentó un 3.3 % en noviembre, según la Asociación Nacional de Agentes Inmobiliarios. Para su economista jefe, Lawrence Yun, “el impulso para la compra de vivienda está cobrando fuerza”, impulsado por tasas hipotecarias más bajas y un crecimiento salarial que supera al aumento de los precios de las viviendas.
No obstante, el debate sobre cómo garantizar el acceso a una vivienda asequible sigue abierto, y la propuesta de Trump promete convertirse en uno de los ejes centrales del debate político y económico en los próximos meses.
