NEW YORK
Las largas filas se convierten en fenómeno cultural y negocio en Nueva York impulsado por las redes sociales

EL CORREO. Las largas filas frente a restaurantes, cafeterías, tiendas y eventos se han convertido en una imagen cada vez más común en Nueva York. Lo que antes era una simple espera para acceder a un producto o servicio, hoy forma parte de una tendencia impulsada por las redes sociales que ha transformado la experiencia de consumo y generado nuevas oportunidades de negocio.
Desde la pandemia de COVID-19, las filas se han multiplicado en distintos puntos de la ciudad, especialmente frente a establecimientos que alcanzan popularidad en plataformas como Instagram y TikTok.
El impacto de los creadores de contenido
La influencer gastronómica Ali Chilton asegura que algunas de sus publicaciones han contribuido a aumentar significativamente la demanda en determinados establecimientos.
Uno de los casos más notorios fue el de la chocolatería GLACE, cuya popularidad se disparó tras la difusión de un video que acumuló millones de visualizaciones en redes sociales.
La exposición digital ha convertido ciertos productos y lugares en destinos obligados para quienes buscan participar en tendencias virales.
Más que una espera: una experiencia social
Para muchos consumidores, hacer fila ya no representa únicamente un medio para adquirir un producto.
Personas como Isabella Downes, una profesional del marketing de Manhattan, consideran que estas experiencias permiten formar parte de eventos colectivos y compartir momentos con otros usuarios que comparten intereses similares.
Recientemente, Downes esperó alrededor de 40 minutos para comprar unos populares pastelitos conocidos como Dot Cakes, convertidos en tendencia en redes sociales.
El fenómeno bajo la mirada de expertos
El filósofo Roberto Casati sostiene que las filas modernas funcionan como una especie de “ritual social”, donde la espera se convierte en una experiencia compartida y fácilmente publicable en plataformas digitales.
Según su análisis, estos espacios generan interacción social y ofrecen una sensación de pertenencia a una comunidad o tendencia específica.
Por otro lado, Sam Abrams advierte que el fenómeno también refleja una cultura de consumo impulsada por el deseo constante de acceder a lo más popular o exclusivo.
Un negocio que crece alrededor de las filas
La popularidad de las largas esperas ha dado lugar a nuevos modelos de negocio.
Uno de ellos es Same Ole Line Dudes, una empresa especializada en ofrecer personas que hacen fila por otros clientes.
Fundada por Robert Samuel, la compañía cobra por hora para reservar lugares en restaurantes, espectáculos, lanzamientos de productos e incluso juicios de alto perfil.
Los servicios pueden alcanzar tarifas de 25 dólares por hora para actividades comunes y hasta 50 dólares por hora en eventos de gran demanda.
Tecnología para medir la espera
La innovación también ha llegado a este sector mediante herramientas digitales que permiten monitorear el tiempo de espera en tiempo real.
Entre ellas destaca Damn Lines, una plataforma creada por el ingeniero de software Lucas Gordon que utiliza cámaras instaladas en viviendas cercanas para calcular la duración de determinadas filas.
Un fenómeno con efectos en la ciudad
Aunque las filas se han convertido en una atracción turística y comercial, también han generado conflictos en algunos vecindarios.
La acumulación de personas en las aceras ha provocado quejas de residentes y comerciantes, e incluso disputas legales relacionadas con la ocupación del espacio público.
Aun así, la tendencia continúa creciendo y refleja cómo las redes sociales han transformado hábitos cotidianos en experiencias colectivas capaces de movilizar multitudes y crear nuevas oportunidades económicas.