EL DINERO
Las megatiendas chinas toman las provincias y ponen al comercio dominicano a correr
Santo Domingo. – Las grandes tiendas de capital chino continúan expandiéndose por la República Dominicana y han llevado la competencia comercial a nuevas dimensiones, con establecimientos de miles de metros cuadrados que combinan en un mismo espacio productos para el hogar, ferretería, ropa, belleza, tecnología y electrodomésticos.
El fenómeno ya no se concentra en Santo Domingo. Ciudades del Cibao, el este, el sur y la Línea Noroeste han visto crecer este modelo de negocio, que apuesta por amplios locales, variedad de productos, grandes inventarios y precios competitivos.
En San Francisco de Macorís, Macorisano Gran Mall ocupa unos 23,000 metros cuadrados, mientras que en La Vega, El Exitazo se acerca a los 16,000 metros cuadrados. En otras provincias también han surgido establecimientos de diferentes tamaños que buscan captar consumidores que anteriormente debían trasladarse a Santo Domingo para encontrar una oferta comercial más amplia.
Una de las principales ventajas de estas grandes superficies es su capacidad para comprar mercancías en grandes volúmenes, reducir costos unitarios y mantener una oferta diversificada. También cuentan con redes empresariales y familiares que facilitan información sobre proveedores, financiamiento, logística e inmuebles.
Para los comerciantes dominicanos, esta expansión representa una competencia importante, especialmente en materia de precios, inventario y variedad. Sin embargo, el debate no se centra únicamente en el origen de los inversionistas, sino en la necesidad de que todos los negocios operen bajo las mismas normas y obligaciones.
En Santiago, José Reinoso, presidente de la Asociación de Empresas del Centro Histórico, estima que cerca del 30 % de los edificios de esa zona se ha convertido en negocios de capital chino. El dirigente comercial sostiene que la preocupación del sector está relacionada con las condiciones de competencia y el cumplimiento de las regulaciones.
En Puerto Plata, comerciantes también han advertido sobre el crecimiento de estos establecimientos, mientras que en Higüey operan varias tiendas de gran tamaño y amplio surtido.
La expansión llega igualmente al sur del país. En Barahona, OMA ocupa alrededor de 2,000 metros cuadrados distribuidos en tres niveles, y la presencia de estos comercios ha convertido a la ciudad en un punto de atracción para consumidores de otras provincias de la región.
El fenómeno también se observa en la Línea Noroeste, donde se han identificado establecimientos vinculados a propietarios o capital chino en Valverde, Santiago Rodríguez y Dajabón.
Empresarios de origen chino consultados sostienen que buena parte de la expansión se apoya en recursos propios, sociedades y préstamos entre familiares y amigos. Mars Wang, empresario con varios establecimientos en La Romana, explicó que los comerciantes recién llegados suelen recibir orientación de personas de su misma comunidad que ya conocen el mercado dominicano.
Wang también señaló que sus negocios se abastecen mediante una combinación de compras a proveedores dominicanos, importaciones directas desde China, adquisiciones a importadores mayoristas y pedidos a fábricas.
Mientras tanto, el comercio dominicano enfrenta desafíos que van más allá de la competencia extranjera, entre ellos el acceso limitado al crédito, menores volúmenes de compra, inventarios reducidos y dificultades logísticas.
Ante este escenario, especialistas plantean que los negocios nacionales pueden apostar por la especialización, el servicio al cliente, las garantías, el servicio posventa, la digitalización y las compras asociativas para aumentar su capacidad de negociación.
La expansión de las grandes superficies también está modificando la dinámica urbana de varias ciudades. Su tamaño y variedad convierten estos establecimientos en puntos de destino capaces de atraer consumidores desde otros sectores y municipios, generando mayor movimiento comercial y vehicular.
A esto se suma el crecimiento de plataformas digitales internacionales, que ofrecen otra alternativa para los consumidores y aumentan la presión sobre los comercios tradicionales.
Las autoridades, por su parte, enfrentan el reto de garantizar que el desarrollo de estos establecimientos cumpla con las normas de uso de suelo, laborales, comerciales y administrativas, independientemente del origen de sus propietarios.
La expansión de las megatiendas de capital chino se ha convertido así en uno de los cambios más visibles del comercio dominicano. Para los consumidores significa más opciones y competencia; para los negocios locales, un desafío que podría acelerar la modernización de un sector obligado a reinventarse.
