OPINIÓN
¿Qué origina las discordias en el PRM?
Por Miguel Ángel Cid Cid
Resolver las diferencias a lo interno del PRM no es una pajita de coco. Las
mañoserías vienen de lejos. Es una herencia arrastrada desde sus progenitores.
Promovieron un modelo de liderazgo mostrenco. Y siguen de generación en
generación. Necesitan un milagro.
Entonces la solución podría tenerla yo. Si, pero dejen que lo explique
parafraseando al cantautor catalán, Joan Manuel Serrat. “Uno de mi calle me ha
dicho que tiene un amigo que dice conocer un tipo que dice tener un farol que un
día fue de Aladino”. La lámpara ilumina caminos oscurecidos.
De lo anterior se deriva, no obstante, que la lámpara parece ser la mejor opción
para combatir las tinieblas. Sólo hay que frotarla para liberar el genio.
Si, como se dijo antes, la penitencia del PLD —de un tiempo a esta parte— es
empujar la piedra de Sísifo. El purgatorio del PRM, en cambio, debe ser aferrarse
a la lámpara de Aladino. Y a cada instante sobarla, manosearla, frotarla, amasarla,
etc., soñando con que un día el genio salga de su guarida.
¿Cuáles son esas diferencias?
Los señalamientos a continuación son un mero intento de descifrar las señas que
dejan ver las mañas cultivadas al través del tiempo.
Señalar de entrada —sin exagerar— que, en el Partido Revolucionario Moderno
(PRM) cada miembro cree que es una reencarnación de Peña Gómez. Si esos son
los miembros simples, imagino que los dirigentes deben creerse dioses del
Olimpo. Esa es una muralla que impide divisar la armonía interna.
La ilusión señalada arriba se contrapone con la actitud y la aptitud de entregarse a
la defensa de los intereses de las oligarquías empresariales y comerciales. Es
decir, sus gobiernos —ni cuando eran PRD, ni ahora que son PRM— han
defendido ni una pisca los intereses de las bases del partido.
La gerencia de la energía eléctrica es el mejor ejemplo de lo anterior. La
entregaron en bandeja de plata a Celso Marranzini. Un personaje con una historia
de fracasos en la gestión pública se conoce de sobra. Pero en la administración
privada es todo lo contrario.
El poco interés en alimentar el desarrollo de líderes emergentes dentro del partido.
Esta dejadez podía ser lógica en el extinto presidente Joaquín Balaguer o en el
expresidente Leonel Fernández Reyna. El primero nunca renunció a la eterna
reelección: era parte intrínseca de su práctica política. El segundo va por el mismo
camino del anterior.
El Presidente Luis Rodolfo Abinader Corona, contrario a los anteriores, dejó clarito
hace tiempo que no va más. Que respetará lo que manda la Constitución en ese
sentido.
Entonces, a qué se debe tanta renuencia a apoyar el cultivo de líderes que puedan
sucederlo en el trono.
Otra muralla de contención interna y externa se debe a la escasa —por no decir
ninguna— pericia en la gestión de la comunicación. Y agrego externa porque los
muros que sirven de contención a la comunicación en el gobierno son sólo un
reflejo de lo que pasa a lo interno del partido.
No hace falta ser experto en comunicación para saber que el partido de gobierno
adolece de una estrategia de comunicación política efectiva. Menos para darse
cuenta que esa ausencia va de lo interno del partido a las entrañas del gobierno.
Tamaño problema.
Lo escribo así, casi en superlativo, porque la comunicación es la herramienta que
facilita la relación del partido con los ciudadanos y con el gobierno. La
comunicación resuelve, por añadidura, la identidad del gobierno con la población y
garantiza la armonía con el partido.
Tanto el partido como el gobierno deberían hacer comunicación apoyándose en la
solución de los problemas internos respectivamente. Porque, cuando se pretende
resolver dificultades con comunicación se recurre siempre al engaño grosero.
Pero el principal problema de los perremeistas —igualito que en el PRD— consiste
en hacer hasta lo imposible para nunca ponerse de acuerdo.
Al partido de gobierno, en resumidas cuentas, sólo le queda esperar la aparición
de Aladino. Que salga resplandeciente, como un soplo de humo de colores para
que, a su vez, les conceda los tres deseos.
¿Podrán, en menos de 30 segundos, ponerse de acuerdo sobre cuáles deseos
pedirle al genio?
Miguel Ángel Cid
cidbelie29@gmail.com
Twitter: @miguelcid1
