EL CIBAO
Santiago: De la pandemia a la gran ciudad
La historia reciente de Santiago de los Caballeros demuestra que las crisis también sirven para rediseñar el mapa del desarrollo. Lejos de limitarse a calcular porcentajes o buscar la indigencia con lupa, la gestión del presidente Luis Abinader entendió desde el primer día que proteger el capital social y económico era la clave para multiplicar el progreso.
Esa visión arrancó en septiembre de 2020, en plena tormenta de COVID-19, cuando el Gobierno celebró su primer Consejo de Gobierno en la provincia. Lejos de ser un acto protocolar, se convirtió en una señal política para conectar las demandas acumuladas con una agenda de inversión pública real, transitando desde la emergencia sanitaria hacia un auténtico laboratorio de transformación regional, urbana y ambiental.
Mientras el mundo intentaba sobrevivir a la pandemia, Santiago plantaba las bases de una transformación sin precedentes en Centroamérica y el Caribe, destacando un despliegue masivo de recursos en salud que situó a la República Dominicana entre los estándares de letalidad más eficientes del mundo. Paralelamente, proyectos como la Autovía del Ámbar impulsaron una nueva geografía económica para integrar la costa norte, Puerto Plata y el Cibao en un solo sistema logístico, turístico y productivo, complementado por una fuerte optimización vial que incluye la rehabilitación de la Circunvalación Norte, los 12.9 kilómetros de la Circunvalación de Navarrete y la ampliación de los accesos principales para descongestionar el tráfico pesado.
Una de las revoluciones más notables de esta etapa es la apuesta por la integración ambiental y social mediante proyectos como la transformación del arroyo Gurabo, que pasó de ser una cañada con graves problemas sanitarios a un parque lineal, corredor ambiental y espacio de reubicación digna para familias vulnerables. A esto se suma el rescate estratégico del Río Yaque del Norte a través de CORAASAN e INAPA para garantizar la seguridad hídrica, además de la recuperación integral del Centro Histórico con la intervención de la calle Benito Monción, el parque Duarte y la Casa de Arte, devolviendo la vida ciudadana al corazón de la ciudad.
El cambio estructural más visible recae en la modernización de la movilidad con la llegada del Monorriel y el Teleférico, sistemas diseñados para reorganizar las centralidades urbanas y conectar los barrios populares con los centros de empleo, salud y educación. No obstante, el verdadero desafío para la próxima década consiste en articular el Plan Estratégico Santiago 2030 y el POTSA con los municipios vecinos de Puñal, Tamboril, Licey al Medio y Villa González. Porque una ciudad no se transforma únicamente acumulando 221 obras de cemento y varillas, sino cuando cada carretera, parque lineal y sistema de transporte comienza a funcionar al unísono como un verdadero motor metropolitano de desarrollo sostenible.
