Connect with us
Anunciate en esta Pagina

Arte y Gente

Una monja muy singular

Published

on

De monja a militar: la novicia que escapó del convento y se travistió para luchar en la conquista de América

La historia de Catalina de Erauso es una de las curiosidades más llamativas del siglo XVII. Aunque había nacido mujer, desafió las concepciones de la época y forjó su propio destino. Llegó a tener un alto cargo militar, recorrió toda América del Sur, mató decenas de hombres, incluido su propio hermano, y se salvó repetidas veces de la horca.

Hay hazañas que convierten a personas en héroes o heroínas de forma indiscutible. Pero, a menudo, también despiertan inquietudes.

La de Catalina de Erauso y Pérez de Galarraga, más conocida como la legendaria monja alférez, es una de ellas.

Decidió ocultar una verdad que le imponía límites y la hacía vulnerable, pero que al final le salvaría la vida: el hecho de que había nacido mujer.

A principios del siglo XVII, hubo en España una joven novicia que un día escapó del convento en el que su padre la había ingresado, cortó al ras su larga cabellera y, con ropa de hombre que había cosido ella misma, partió sin mirar atrás. Travestida, Catalina de Erauso emprendió así un viaje que la llevaría a cruzar el Atlántico y recorrer casi toda América del Sur, desde Venezuela hasta Chile, como parte de la conquista española del continente, lo que le valió la increíble transición de pasar de ser una monja a un respetado militar.

Historia de la Monja Alférez, publicado por Banda Propia Editoras, es la narración en primera persona que Catalina de Erauso hizo de sus numerosas vidas, una autobiografía que comprende todos los nombres que utilizó y que, leída hoy en día bajo el tamiz de las nuevas concepciones identitarias, puede ser interpretada como uno de los primeros testimonios de un varón trans.

En el prólogo, cuyo comienzo puede leerse a continuación, la escritora chilena Lina Meruane define este libro como “la puesta en vida de un yo que se va construyendo secretamente contra las premisas biológicas del cuerpo que le tocó y de las normas culturales de su tiempo”. Aunque la veracidad de este testimonio fue reiteradamente puesta en duda, diversas pruebas de los más distintos orígenes dan cuenta de este “milagro vivo”, una curiosidad que resonó tanto en Europa como en América.

Pero más allá del análisis que pueda hacerse sobre su género (es inútil tratar de utilizar conceptos recientes para algo sucedido hace más de 400 años), la historia en sí de Erauso no tiene desperdicio: sus viajes, su ascenso a un alto cargo militar, las decenas de hombres que mató (incluido su propio hermano), las distintas condenas a la horca de las que se liberó, el duelo con el hombre que iba a casarse con la mujer de la que se había enamorado, y su muerte, cerca del 1650, en lo que hoy es México, donde tenía tierras, mulas y esclavos.

Eso había ocurrido en San Sebastián, en el País Vasco, a finales del siglo XVI.

La decisión la tomó con 15 años, al escaparse, justo antes de tomar sus votos perpetuos para convertirse en monja, de un convento en el que había vivido casi toda su vida.

Se llevó, además de "unos reales" de su tía, que era la priora del convento, "unas tijeras, hilo y una aguja" con los que, escondida, modificó su vestimenta y se cortó el cabello.

Emergió tres días después como un joven que viajaría muchos kilómetros por dos continentes, lucharía despiadadamente en nombre de la corona española contra los indígenas en América del Sur, sobreviviría naufragios, duelos, trifulcas y hasta dos intentos de las autoridades españolas para ejecutarla por varios delitos que había cometido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pendenciera, ludópata y ladrona, mató al menos a 10 hombres fuera de los campos de batalla, incluído a su hermano Miguel, con quien se había encontrado por casualidad cuando éste era secretario del gobernador de Chile y quien la acogió sin reconocerla, invitándola a comer "a su mesa casi tres años".

Pero tras 20 años de vida como hombre, con diferentes nombres y varias escapadas para evadir la justicia, a menudo acudiendo a la iglesia en busca de refugio, fue detenida en Perú.

Ante una muerte segura, solicitó hablar con el obispo de Guamanga, don Agustín de Carvajal, y, como ella misma relató, "viéndolo tan santo varón, pareciéndome estar ya en la presencia de Dios", confesó todo.

"La verdad es ésta: que soy mujer, que nací en tal parte, hija de Fulano y Zutana; que me entraron de tal edad en tal convento, con Fulana mi tía; que allí me crié; que tomé el hábito y tuve noviciado; que estando para profesar, por tal ocasión me salí; que me fui a tal parte, me desnudé, me vestí, me corté el cabello, partí allí y acullá; me embarqué, aporté, trajiné, maté, herí, maleé, correteé, hasta venir a parar en lo presente, y a los pies de Su Señoría Ilustrísima".

No sólo eso: le dijo que era una virgen intacta, hecho que confirmaron dos matronas.

Con esa revelación, se convirtió instantáneamente en una celebridad. La gente se reunía dondequiera que fuera, y fue agasajada por la realeza.

Se hicieron al menos dos ediciones de sus memorias, un puñado de artistas pintaron su retrato y, en 1629, el dramaturgo Juan Pérez de Montalbán, discípulo predilecto de Lope de Vega, compuso y representó en la corte la obra teatral "La monja Alférez".

Visitó las cabezas coronadas de Europa, y el monarca español Felipe IV hasta le concedió una pensión militar anual.

El papa Urbano VIII no sólo la recibió, sino que le "concedió a doña Catalina, entre otras muchas mercedes, la de permitirle usar el traje de hombre, y como no le faltó quien motejase de indecente aquella concesión, el Pontífice dijo con satisfacción:

"Dadme otra monja alférez, y le concederé lo mismo".

Y tal ha sido la fascinación que ha causado su obra que autores contemporáneos han imaginado partes de su vida en novelas.

Por ejemplo, la escritora argentina Gabriela Cabezón Cámara acaba de publicar “Las niñas del naranjal”, un relato ficcionado sobre los últimos días de Catalina de Erauso.

“Uno de las cosas que más me llamó la atención de su historia y que es lo que yo quiero contar en la novela es que hay otras maneras de ver el mundo, que hay otras maneras de vivir”, señala Cabezón, quien estará en el Hay Festival de Cartagena hablando sobre esta novela.

¿Por qué?

Es fácil comprender que su historia llamara la atención; no se conocían muchos casos de mujeres viviendo como hombres, particularmente españolas.

No sorprende que despertara curiosidad, patente en una carta escrita desde Roma en 1626 del viajero Pedro del Valle, conocido como el Peregrino, quien la retrató con su pluma.

"…vino por primera vez a mi casa el alférez Catalina Erauso, vizcaína, arribada de España la víspera. Es una doncella de unos 35 a 40 años. Su fama había llegado hasta mí en la India Oriental. (…)

"Alta y recia de talle, de apariencia más bien masculina, no tiene más pecho que una niña. Me dijo que había empleado no sé qué remedio para hacerlo desaparecer. Fue, creo, un emplasto que le suministró un italiano; el efecto fue doloroso, pero muy a deseo".

 

 

"De cara no es muy fea, pero bastante ajada por los años. Su aspecto es más bien el de un eunuco que el de una mujer. Viste de hombre, a la española; lleva la espada tan bravamente como la vida, y la cabeza un poco baja y metida en los hombros, que son demasiado altos.

"En suma, más tiene el aspecto bizarro de un soldado que el de un cortesano galante.

"Únicamente su mano podría hacer dudar de su sexo, porque es llena y carnosa, aunque robusta y fuerte, y el ademán, que, todavía, algunas veces tiene un no sé qué de femenino".

Lo que es más difícil de entender es que por el solo hecho de revelar que era mujer no fuera condenada por la otra parte de su confesión, resumida con "maté, herí, maleé", pero detallada sin tapujos ni mucho remordimiento en su autobiografía "Vida i sucesos de la monja alférez".

Y eso en una década que no se caracterizaba por ser permisiva. La Inquisición, que tenía como objetivo purificar religiosamente el mundo, estaba en pleno apogeo.

“No sería tan categórica en decir que había un castigo moral, porque no se entiende cómo esta mujer sobrevivió tantos años en el ejército”, dice la escritora.

“O sea, había gente que era condenada a la muerte por esto y otra que evidentemente era premiada por hacerlo. Pues lo cierto es que debía haber una configuración distinta o tal vez una mayor tolerancia hacia estos temas”, añade.

Quizás…

… le salvó la imaginación de la sociedad que la celebró. Tal vez la explicación esté en el irresistible placer del entretenimiento.

Aunque hasta el día de hoy los académicos discuten sobre la autenticidad de la autobiografía (el manuscrito original se perdió) y hasta la veracidad de partes de su relato, lo cierto es que la historia con la que ella se presentó ante el mundo se parecía a las obras de ficción más populares de la época.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Monumento a la monja alférez en Orizaba, Veracruz.

Era una historia de aventuras asombrosas, con rasgos de los cuentos picarescos tan de moda en ese momento, que además se ajustaba al gusto literario del barroco al retratar cambios de identidad y realidades disfrazadas.

Tenía un protagonista astuto aunque falto de moral, cuyos esfuerzos por disfrazar su feminidad y sus consecuencias generaban drama e intriga.

“Una de las razones por las que esta historia me interesó fue porque un día vi un cuadro de una persona con armadura matando a otra persona y abajo decía 'Monja Alférez'. Y monja y armadura son conceptos que por lo general no van juntos”, señala Cabezón.

“Y lo que me encontré fue una biografía feroz de una persona que vive matando y que vive escapando para que no la maten”, agrega.

Catalina era un fenómeno curioso, algo con lo que se deleitaba el público de la época, cuya vida era consideraba excepcional, lo que, en la moral barroca, atenuaba sus transgresiones de las normas.

Como ser humano, hombre o mujer, sus acciones eran a menudo más que reprobables.

Como personaje cautivó la imaginación de la sociedad que la acogió a tal punto que esquivó en la vida real el destino tradicional de la mayoría de los antihéroes ficticios, siendo premiada con la fama que le dio la influencia para conseguir lo que quería, en vez de recibir su merecido.

Y quizás también…

Los expertos han señalado otras posibles razones por las cuales la España de la época, en vez de quemar a la monja alférez en la hoguera, la acogió y la inmortalizó casi de inmediato.

Una de ellas es que la sociedad barroca ya estaba obsesionada con "cosas prodigiosas, llamativas y extrañas", y Catalina, la monja sin pechos, el hombre sin falo, el soldado nacido mujer, la fascinó.

Otra es que la ciencia de la época había declarado que las mujeres eran hombres que simplementeno habían sido perfeccionados, un concepto conocido como modelo de un solo sexo.

Catalina de Erauso encarnaba la idea de trascender su precaria condición de mujer al vestirse de masculinidad.

"Su vida es una manifestación de que los géneros son una construcción cultural. Porque en esta historia ella se cambia de ropa, endereza la espalda y mira de frente y ya, se convirtió en hombre", explica la autora argentina.

Finales

La historia de la monja alférez, en su autobiografía, termina pendenciera y abruptamente.

"En Nápoles, un día, paseándome en el muelle, reparé en las risotadas de dos damiselas que parlaban con dos mozos. Me miraban, y mirándolas, me dijo una: 'Señora Catalina, ¿adónde se camina?'.

"Respondí: 'Señoras p…, a darles a ustedes cien pescozones y cien cuchilladas a quien las quiera defender'. Callaron y se fueron de allí".

La historia de Catalina de Erauso terminó fuera de la vida pública, se cree que en 1650 en la localidad de Cuitlaxtla, México, tras pasar sus últimos 20 años trasladando a pasajeros y equipajes desde el puerto de Veracruz a la ciudad de México con una recua de mulas.

Dicen que en ese entonces se llamaba Antonio de Erauso.

En la novela de Cabezón, el final de la monja alférez es un poco distinto: la escritora se la imagina en medio de la selva, junto a dos niñas y varios animales, donde el personaje escribe una carta a una de sus tías.

"Es una vida llena de vértigo. Que está en constante movimiento, huyendo, pero a la vez asesinando personas, todo como una especie de círculo que no se detiene", dice la escritora.

"Por eso quise escribir su final en un lugar donde estuviera detenida, donde estuviera rodeada de algo de afecto -que son estas dos niñas- Donde por un momento no tuviera que moverse", explica.

 

El periódico digital más leído en Santiago de los Caballeros y toda Republica Dominicana


Articulos Recientes

EL MUNDO10 minutos ago

¡Papeles con nueva identidad! España abre la puerta a migrantes trans para actualizar nombre y sexo en documentos

Madrid, España. Las personas trans migrantes que residen en España podrán solicitar la modificación del sexo y el nombre en...

Política25 minutos ago

¡La carrera del 2028 ya calentó motores! Encuesta pone al PRM arriba y a David Collado tomando la delantera

Santo Domingo, República Dominicana. Una encuesta realizada por ACD Media sitúa al Partido Revolucionario Moderno (PRM) como la organización política...

Política34 minutos ago

¡La batalla política calienta motores! Leonel dice que el descontento con el PRM impulsa a la Fuerza del Pueblo

Nagua, República Dominicana. El presidente de la Fuerza del Pueblo (FP), Leonel Fernández, aseguró que el crecimiento de esa organización...

EL MUNDO38 minutos ago

¡El tablero mundial tiembla! EE. UU. e Irán intercambian golpes y el estrecho de Ormuz queda en el centro de la crisis

Estados Unidos / Irán. El conflicto entre Estados Unidos e Irán alcanzó un nuevo punto de tensión luego de una...

El Cibao49 minutos ago

¡Una broma terminó en tragedia! Buscan a tres hermanos acusados de matar a joven delivery en Hato Mayor

Hato Mayor, República Dominicana. Las autoridades mantienen una búsqueda activa de tres hermanos señalados como los presuntos responsables de la...

El Cibao59 minutos ago

¡Los parques de Santiago están pidiendo una manita de pintura! Abandono y retrasos dejan a barrios sin áreas de recreación

Santiago de los Caballeros, República Dominicana. El deterioro de varios parques públicos y los retrasos en proyectos de reconstrucción mantienen...

El Cibao1 hora ago

¡Puentes que parecen pedir auxilio! Pasarelas de Santiago se caen a pedazos mientras peatones cruzan con miedo

Santiago, República Dominicana. El mal estado de varios puentes peatonales de Santiago mantiene en alerta a residentes y transeúntes, quienes...

EL PAIS1 hora ago

¡El Código Penal está en cuenta regresiva! Abinader promete mover las piezas antes del 3 de agosto

Santo Domingo, República Dominicana. El presidente Luis Abinader afirmó que las modificaciones al nuevo Código Penal dominicano serán aprobadas antes...

EL MUNDO1 hora ago

¡La fiesta terminó en pesadilla! Incendio en un pub de Bangkok deja al menos 27 muertos

Bangkok, Tailandia. Al menos 27 personas murieron y varias más resultaron heridas tras un devastador incendio registrado la madrugada de...

Home1 hora ago

¡La obra va más lenta que un tapón un lunes! Hospedaje Yaque y Nueva York Chiquito siguen esperando los RD$658 millones

Santiago, República Dominicana. Comerciantes y residentes del Hospedaje Yaque y el sector Nueva York Chiquito continúan esperando el inicio de...

Facebook

De monja a militar: la novicia que escapó del convento y se travistió para luchar en la conquista de América

La historia de Catalina de Erauso es una de las curiosidades más llamativas del siglo XVII. Aunque había nacido mujer, desafió las concepciones de la época y forjó su propio destino. Llegó a tener un alto cargo militar, recorrió toda América del Sur, mató decenas de hombres, incluido su propio hermano, y se salvó repetidas veces de la horca.

Hay hazañas que convierten a personas en héroes o heroínas de forma indiscutible. Pero, a menudo, también despiertan inquietudes.

La de Catalina de Erauso y Pérez de Galarraga, más conocida como la legendaria monja alférez, es una de ellas.

Decidió ocultar una verdad que le imponía límites y la hacía vulnerable, pero que al final le salvaría la vida: el hecho de que había nacido mujer.

A principios del siglo XVII, hubo en España una joven novicia que un día escapó del convento en el que su padre la había ingresado, cortó al ras su larga cabellera y, con ropa de hombre que había cosido ella misma, partió sin mirar atrás. Travestida, Catalina de Erauso emprendió así un viaje que la llevaría a cruzar el Atlántico y recorrer casi toda América del Sur, desde Venezuela hasta Chile, como parte de la conquista española del continente, lo que le valió la increíble transición de pasar de ser una monja a un respetado militar.

Historia de la Monja Alférez, publicado por Banda Propia Editoras, es la narración en primera persona que Catalina de Erauso hizo de sus numerosas vidas, una autobiografía que comprende todos los nombres que utilizó y que, leída hoy en día bajo el tamiz de las nuevas concepciones identitarias, puede ser interpretada como uno de los primeros testimonios de un varón trans.

En el prólogo, cuyo comienzo puede leerse a continuación, la escritora chilena Lina Meruane define este libro como “la puesta en vida de un yo que se va construyendo secretamente contra las premisas biológicas del cuerpo que le tocó y de las normas culturales de su tiempo”. Aunque la veracidad de este testimonio fue reiteradamente puesta en duda, diversas pruebas de los más distintos orígenes dan cuenta de este “milagro vivo”, una curiosidad que resonó tanto en Europa como en América.

Pero más allá del análisis que pueda hacerse sobre su género (es inútil tratar de utilizar conceptos recientes para algo sucedido hace más de 400 años), la historia en sí de Erauso no tiene desperdicio: sus viajes, su ascenso a un alto cargo militar, las decenas de hombres que mató (incluido su propio hermano), las distintas condenas a la horca de las que se liberó, el duelo con el hombre que iba a casarse con la mujer de la que se había enamorado, y su muerte, cerca del 1650, en lo que hoy es México, donde tenía tierras, mulas y esclavos.

Eso había ocurrido en San Sebastián, en el País Vasco, a finales del siglo XVI.

La decisión la tomó con 15 años, al escaparse, justo antes de tomar sus votos perpetuos para convertirse en monja, de un convento en el que había vivido casi toda su vida.

Se llevó, además de "unos reales" de su tía, que era la priora del convento, "unas tijeras, hilo y una aguja" con los que, escondida, modificó su vestimenta y se cortó el cabello.

Emergió tres días después como un joven que viajaría muchos kilómetros por dos continentes, lucharía despiadadamente en nombre de la corona española contra los indígenas en América del Sur, sobreviviría naufragios, duelos, trifulcas y hasta dos intentos de las autoridades españolas para ejecutarla por varios delitos que había cometido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pendenciera, ludópata y ladrona, mató al menos a 10 hombres fuera de los campos de batalla, incluído a su hermano Miguel, con quien se había encontrado por casualidad cuando éste era secretario del gobernador de Chile y quien la acogió sin reconocerla, invitándola a comer "a su mesa casi tres años".

Pero tras 20 años de vida como hombre, con diferentes nombres y varias escapadas para evadir la justicia, a menudo acudiendo a la iglesia en busca de refugio, fue detenida en Perú.

Ante una muerte segura, solicitó hablar con el obispo de Guamanga, don Agustín de Carvajal, y, como ella misma relató, "viéndolo tan santo varón, pareciéndome estar ya en la presencia de Dios", confesó todo.

"La verdad es ésta: que soy mujer, que nací en tal parte, hija de Fulano y Zutana; que me entraron de tal edad en tal convento, con Fulana mi tía; que allí me crié; que tomé el hábito y tuve noviciado; que estando para profesar, por tal ocasión me salí; que me fui a tal parte, me desnudé, me vestí, me corté el cabello, partí allí y acullá; me embarqué, aporté, trajiné, maté, herí, maleé, correteé, hasta venir a parar en lo presente, y a los pies de Su Señoría Ilustrísima".

No sólo eso: le dijo que era una virgen intacta, hecho que confirmaron dos matronas.

Con esa revelación, se convirtió instantáneamente en una celebridad. La gente se reunía dondequiera que fuera, y fue agasajada por la realeza.

Se hicieron al menos dos ediciones de sus memorias, un puñado de artistas pintaron su retrato y, en 1629, el dramaturgo Juan Pérez de Montalbán, discípulo predilecto de Lope de Vega, compuso y representó en la corte la obra teatral "La monja Alférez".

Visitó las cabezas coronadas de Europa, y el monarca español Felipe IV hasta le concedió una pensión militar anual.

El papa Urbano VIII no sólo la recibió, sino que le "concedió a doña Catalina, entre otras muchas mercedes, la de permitirle usar el traje de hombre, y como no le faltó quien motejase de indecente aquella concesión, el Pontífice dijo con satisfacción:

"Dadme otra monja alférez, y le concederé lo mismo".

Y tal ha sido la fascinación que ha causado su obra que autores contemporáneos han imaginado partes de su vida en novelas.

Por ejemplo, la escritora argentina Gabriela Cabezón Cámara acaba de publicar “Las niñas del naranjal”, un relato ficcionado sobre los últimos días de Catalina de Erauso.

“Uno de las cosas que más me llamó la atención de su historia y que es lo que yo quiero contar en la novela es que hay otras maneras de ver el mundo, que hay otras maneras de vivir”, señala Cabezón, quien estará en el Hay Festival de Cartagena hablando sobre esta novela.

¿Por qué?

Es fácil comprender que su historia llamara la atención; no se conocían muchos casos de mujeres viviendo como hombres, particularmente españolas.

No sorprende que despertara curiosidad, patente en una carta escrita desde Roma en 1626 del viajero Pedro del Valle, conocido como el Peregrino, quien la retrató con su pluma.

"…vino por primera vez a mi casa el alférez Catalina Erauso, vizcaína, arribada de España la víspera. Es una doncella de unos 35 a 40 años. Su fama había llegado hasta mí en la India Oriental. (…)

"Alta y recia de talle, de apariencia más bien masculina, no tiene más pecho que una niña. Me dijo que había empleado no sé qué remedio para hacerlo desaparecer. Fue, creo, un emplasto que le suministró un italiano; el efecto fue doloroso, pero muy a deseo".

 

 

"De cara no es muy fea, pero bastante ajada por los años. Su aspecto es más bien el de un eunuco que el de una mujer. Viste de hombre, a la española; lleva la espada tan bravamente como la vida, y la cabeza un poco baja y metida en los hombros, que son demasiado altos.

"En suma, más tiene el aspecto bizarro de un soldado que el de un cortesano galante.

"Únicamente su mano podría hacer dudar de su sexo, porque es llena y carnosa, aunque robusta y fuerte, y el ademán, que, todavía, algunas veces tiene un no sé qué de femenino".

Lo que es más difícil de entender es que por el solo hecho de revelar que era mujer no fuera condenada por la otra parte de su confesión, resumida con "maté, herí, maleé", pero detallada sin tapujos ni mucho remordimiento en su autobiografía "Vida i sucesos de la monja alférez".

Y eso en una década que no se caracterizaba por ser permisiva. La Inquisición, que tenía como objetivo purificar religiosamente el mundo, estaba en pleno apogeo.

“No sería tan categórica en decir que había un castigo moral, porque no se entiende cómo esta mujer sobrevivió tantos años en el ejército”, dice la escritora.

“O sea, había gente que era condenada a la muerte por esto y otra que evidentemente era premiada por hacerlo. Pues lo cierto es que debía haber una configuración distinta o tal vez una mayor tolerancia hacia estos temas”, añade.

Quizás…

… le salvó la imaginación de la sociedad que la celebró. Tal vez la explicación esté en el irresistible placer del entretenimiento.

Aunque hasta el día de hoy los académicos discuten sobre la autenticidad de la autobiografía (el manuscrito original se perdió) y hasta la veracidad de partes de su relato, lo cierto es que la historia con la que ella se presentó ante el mundo se parecía a las obras de ficción más populares de la época.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Monumento a la monja alférez en Orizaba, Veracruz.

Era una historia de aventuras asombrosas, con rasgos de los cuentos picarescos tan de moda en ese momento, que además se ajustaba al gusto literario del barroco al retratar cambios de identidad y realidades disfrazadas.

Tenía un protagonista astuto aunque falto de moral, cuyos esfuerzos por disfrazar su feminidad y sus consecuencias generaban drama e intriga.

“Una de las razones por las que esta historia me interesó fue porque un día vi un cuadro de una persona con armadura matando a otra persona y abajo decía 'Monja Alférez'. Y monja y armadura son conceptos que por lo general no van juntos”, señala Cabezón.

“Y lo que me encontré fue una biografía feroz de una persona que vive matando y que vive escapando para que no la maten”, agrega.

Catalina era un fenómeno curioso, algo con lo que se deleitaba el público de la época, cuya vida era consideraba excepcional, lo que, en la moral barroca, atenuaba sus transgresiones de las normas.

Como ser humano, hombre o mujer, sus acciones eran a menudo más que reprobables.

Como personaje cautivó la imaginación de la sociedad que la acogió a tal punto que esquivó en la vida real el destino tradicional de la mayoría de los antihéroes ficticios, siendo premiada con la fama que le dio la influencia para conseguir lo que quería, en vez de recibir su merecido.

Y quizás también…

Los expertos han señalado otras posibles razones por las cuales la España de la época, en vez de quemar a la monja alférez en la hoguera, la acogió y la inmortalizó casi de inmediato.

Una de ellas es que la sociedad barroca ya estaba obsesionada con "cosas prodigiosas, llamativas y extrañas", y Catalina, la monja sin pechos, el hombre sin falo, el soldado nacido mujer, la fascinó.

Otra es que la ciencia de la época había declarado que las mujeres eran hombres que simplementeno habían sido perfeccionados, un concepto conocido como modelo de un solo sexo.

Catalina de Erauso encarnaba la idea de trascender su precaria condición de mujer al vestirse de masculinidad.

"Su vida es una manifestación de que los géneros son una construcción cultural. Porque en esta historia ella se cambia de ropa, endereza la espalda y mira de frente y ya, se convirtió en hombre", explica la autora argentina.

Finales

La historia de la monja alférez, en su autobiografía, termina pendenciera y abruptamente.

"En Nápoles, un día, paseándome en el muelle, reparé en las risotadas de dos damiselas que parlaban con dos mozos. Me miraban, y mirándolas, me dijo una: 'Señora Catalina, ¿adónde se camina?'.

"Respondí: 'Señoras p…, a darles a ustedes cien pescozones y cien cuchilladas a quien las quiera defender'. Callaron y se fueron de allí".

La historia de Catalina de Erauso terminó fuera de la vida pública, se cree que en 1650 en la localidad de Cuitlaxtla, México, tras pasar sus últimos 20 años trasladando a pasajeros y equipajes desde el puerto de Veracruz a la ciudad de México con una recua de mulas.

Dicen que en ese entonces se llamaba Antonio de Erauso.

En la novela de Cabezón, el final de la monja alférez es un poco distinto: la escritora se la imagina en medio de la selva, junto a dos niñas y varios animales, donde el personaje escribe una carta a una de sus tías.

"Es una vida llena de vértigo. Que está en constante movimiento, huyendo, pero a la vez asesinando personas, todo como una especie de círculo que no se detiene", dice la escritora.

"Por eso quise escribir su final en un lugar donde estuviera detenida, donde estuviera rodeada de algo de afecto -que son estas dos niñas- Donde por un momento no tuviera que moverse", explica.

 

Copyright © 2024 El Correo RD, Santiago de los Caballeros / Creado por @KRLOSDESIGNS