El Cibao
Lo que el agua se llevó en el Noroeste: Un desastre de millones que el Gobierno debe atender ya
Las persistentes lluvias que han azotado el territorio dominicano han dejado de ser un simple fenómeno meteorológico para convertirse en una verdadera tragedia financiera y social en las provincias de Valverde y Monte Cristi. Lo que se vive hoy en el Noroeste es un estado de emergencia no declarado, donde el esfuerzo de años de los productores agrícolas y avícolas ha quedado sepultado bajo el lodo y el agua estancada. La magnitud de los daños es tal que ha logrado paralizar el motor económico de comunidades enteras que hoy despiertan entre ruinas y pérdidas que se cuentan por millones.
En el corazón de Villa Vásquez, el panorama es crítico. El alcalde Jenrry Castro ha dado la voz de alarma tras el colapso de infraestructuras clave, como la pared del play de béisbol Antulio Martínez, cuya caída simboliza el deterioro y la vulnerabilidad de la zona ante el clima extremo. Sectores como La Colonia, Barrio Sur y la avenida Libertad se han transformado en lagunas improvisadas donde el sistema cloacal ha colapsado totalmente, agravado por la acumulación de desechos que las corrientes arrastran sin piedad hacia las viviendas. La supervisión de las autoridades locales no cesa, pero la capacidad de respuesta se ve desbordada por la escala del desastre.
La tragedia se ensaña con especial crueldad en el campo. Los cultivos de cebolla, que representaban la esperanza de cosecha para esta temporada, han desaparecido debido a la saturación extrema de los suelos. Productores como Manuel Cruz Rodríguez, en Laguna Salada, narran con impotencia cómo una granizada inesperada y las inundaciones aniquilaron 38 tareas de siembra en cuestión de horas. Por otro lado, el sector avícola vive su peor pesadilla: el desbordamiento de cañadas convirtió granjas en trampas mortales, provocando la muerte de más de 11,000 pollos en una sola propiedad. Este golpe masivo a la producción de carne y huevos no solo arruina a empresarios como Juan Antonio Cerda, sino que amenaza con disparar los precios y desabastecer la región. El grito de auxilio al Ministerio de Agricultura es desesperado; el campo dominicano está bajo el agua y necesita un rescate inmediato antes de que la quiebra sea definitiva.
