La próxima gran crisis, ¿cuán cerca está y cómo nos afectará?

José Lois MalkunSanto Domingo, RD

Es frecuente que me pe­gunten ¿Ma­lkun, viene en camino otra crisis económica mundial? Les respondo “consulten con Nostradamus”.

Pero ciertamente, esa nueva crisis, post crisis, parece inevitable porque el costo de la pandemia, que sigue tragando dine­ro, hay que pagarlo y na­die lo quiere hacer. Los fa­llidos intentos de reformas fiscales en varios países lo ponen en evidencia. Hay un verdadero tranque que he bautizado efecto PARE­DIM (pandemia, recupera­ción economía, deuda e im­puestos).

Muchos dirán ¿Y quién soy yo para estar presu­miendo de predictólogo trancado en mi casa y vien­do el bosque desde mi ven­tana?

En efecto, muchas cri­sis han sido advertidas por gente que ve el bosque des­de afuera. Porque los que están dentro solo ven algu­nos árboles florecidos que les rodean. Un terrible error.

La astronómica deuda de Estados Unidos es un gra­ve peligro. Moody’s señala que los mercados financie­ros aún no muestran seña­les de temor por la deuda, pensando que el Congre­so norteamericano toma­rá medidas eventualmente (reforma fiscal).

Pero el presidente Joe Bi­den le está pidiendo al Con­greso subir el tope de la deuda para financiar el pre­supuesto del 2022. Deuda que ya ronda el 108% del PIB.

Lo mismo sucede en Eu­ropa, que ha incrementa­do la deuda en un 35% y en casi todos los países ya su­pera el 100% del PIB y en algunos el 200%. ¿Y los tri­butos para pagarla, dónde están? Los expertos hablan de dos años para que todo explote.

China está sumida en una ola de apagones sin precedentes. La escasez de medios de transporte y los conflictos comerciales con occidente ha ralentizado el comercio mundial, con fletes impagables. Y des­de China, los rayos y true­nos se expanden al resto de Asia.

Rusia, ahogada por las sanciones, no logra salir del círculo vicioso de bajo cre­cimiento, poca inversión y mayor pobreza. Y la India y Brasil se retuercen de dolor por la alta factura del CO­VID-19.

¿Y nosotros qué? Pode­mos salir ilesos de cualquier crisis siempre que maneje­mos con prudencia la deu­da, impulsemos las refor­mas económicas, sociales y políticas en carpeta y mejo­remos la transparencia, la calidad del gasto, la compe­titividad y seguridad ciuda­dana. Con esas conquistas, la inversión privada extran­jera encontrará en nuestro país un refugio seguro pa­ra escapar de los torbellinos que se avecinan.

Solo con los problemas de China, en cinco años, nuestra zona franca podría estar empleando más de 600 mil personas.

Confiemos en los cam­bios.

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