EL PAIS
La tormenta Melissa provocó una semana de cancelaciones y respiro del ruidoso tráfico
EL CORREO. La tormenta Melissa alteró por completo la rutina de la capital dominicana, imponiendo una pausa forzada que silenció las calles, redujo el tránsito y provocó una ola de cancelaciones en eventos públicos y privados durante una semana marcada por la calma y la precaución.
El Gobierno fue el primero en reaccionar, suspendiendo la docencia en centros públicos y privados del Distrito Nacional y de las provincias en alerta roja, además de reducir los horarios de las actividades comerciales, con excepción de sectores esenciales como salud, supermercados y expendio de combustibles.
La medida transformó el paisaje del Gran Santo Domingo, que amaneció sin los característicos tapones. En avenidas como la Núñez de Cáceres, conductores reportaron vías completamente despejadas, y en sectores como Sabana Perdida y Los Minas, el tráfico fluyó con una rapidez inusual.
“La ciudad sin tapones, una maravilla. Hoy hice un recorrido en 15 minutos que normalmente me toma media hora”, comentó Franklin Estévez, empleado público.
Sin embargo, no todos perciben la quietud como algo positivo. Quienes viven del “chiripeo” o del trabajo informal han visto disminuir sus ingresos.
“Paralizar las labores provoca un cese económico; las personas que viven del día a día son las más afectadas”, advirtió el economista Leandro Peralta.
El teletrabajo se convirtió en la alternativa para muchos empleados del sector privado, aunque no sin dificultades. La inestabilidad eléctrica y las deficiencias de conectividad ralentizaron la productividad.
“En casa los apagones son frecuentes y el internet es mucho más lento que en la oficina”, explicó Rosa G., empleada de una aseguradora.
Entre el silencio de la ciudad y las pantallas encendidas en los hogares, Melissa no solo trajo lluvia: también expuso las fragilidades y contrastes del día a día en la capital dominicana.
