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OPINIÓN

Vivimos en la sociedad del cansancio

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Por Emilia Santos Frias

En la actualidad, las poblaciones pertenecientes a occidente: Europa, América…, sufren debido a cambios bruscos en sus hábitos y costumbres, además, por vivir de apariencias, de falso y exacerbado optimismo en el porvenir; confianza en sí mismos, motivación, ganas de estar y ser feliz. Esto inserta a la población en la sociedad del cansancio.  Llena de personas agotadas, fracasadas y depresivas, debido a la explotación a la que ellas mismas se someten, teniendo como impulso de forma equívoca, el sentimiento de libertad.

 “El individuo decide voluntariamente explotarse a sí mismo hasta la extenuación. Hoy en día carecemos de un tirano o de un rey al que oponernos diciendo no…, pero, resulta muy difícil rebelarse cuando la víctima y el verdugo; explotador y explotado, son la misma persona”.

Las aseveraciones corresponden al profesor Byung-Chul Han, experto en estudios culturales. Las ideas están plasmadas en su obra: La Sociedad del Cansancio, que agradezco al compañero de maestría, Coronel paracaidista, FARD,     Omar Gitte Mejía, por conectarme con ella.

El autor asegura que ese modelo de vida, vivido hoy, es una utopía inalcanzable, con hincapié en una sociedad en la que su población, incluyendo al ejecutivo mejor pagado, trabaja como esclavo, sin tiempo para recrearse. Yo agrego, para disfrutar de ese derecho humano y fundamental, que sencillamente gozarlo, nos permite alcanzar felicidad. Contrario a la talante  desmesura de positividad, que en definitiva es una exhibición irreal.

Por eso, el filósofo recomienda, a la población occidental abandonar conceptos como originalidad y genialidad: creación de la nada, importantes en el nuevo paradigma de vida, para buscar una mayor flexibilidad en el pensamiento, porque: “todos deberíamos jugar más y trabajar menos, para producir más". En ese orden recuerda que "los chinos, desconocen los conceptos de originalidad y genialidad, sin embargo, son responsables de casi toda invención actual, desde la pasta hasta los fuegos artificiales”.

Todas las épocas tienen sus enfermedades emblemáticas, en el siglo XXI, el autor considera que es la violencia neuronal. Ella persiste actualmente en occidente y regala depresión, trastornos por déficit de atención con hiperactividad (TDAH);  límite de la personalidad (TLP) o el síndrome de desgaste ocupacional (SDO)…,  patologías como infartos ocasionados por el constante exceso de positividad. Afirma el experto.

Esto ocurre porque, aunque las personas se creen en libertad, viven presas de su alter ego; su segundo yo, con el cual están en guerra. Es una relación consigo mismos,pero de autoexplotación, que les vuelve presa de cansancio. Porque,  la sociedad se sustrae del esquema de organización  para autoafirmarse en lo propio: “el que vive por lo mismo perecerá por lo mismo”. ¿Lo has identificado?

Se ha normalizado la violencia de la positividad: esa superproducción, super rendimiento o super comunicación, que además, mantiene en una abreacción o sentimiento, emoción intensa reprimida; descarga de inquietudes ligadas a recuerdos, experiencias infantiles penosas o dolorosas, que el cuerpo exhibe en forma digestiva neuronal. El agotamiento, fatiga y asfixia ante la sobreabundancia son manifestaciones de esa violencia neuronal. Recalca el profesor.

“La positivización del mundo permite la formación de nuevas formas de violencia, en el caso de la violencia de la positividad, esta es saturativa; exhaustiva…,  sistémica, inseparable al sistema. Por eso, la depresión, TDAH o SDO, indican exceso de positividad, y colapso del yo”.

Estemos o no de acuerdo con estas teorías, las vorágines que atravesamos en nuestra vida actual, aún en las cosas que disfrutamos, al sobreexplotarnos, con énfasis en las cargas laborales, mal uso del tiempo, largas jornadas de trabajo físico, telemático y la atención que se debe poner en el…, sin dudas, nos lleva al aburrimiento, cuando el círculo es vicioso. Hoy ser multitasking no significa  progreso para la civilización, al contrario, este efecto, es propio de los animales salvajes, para su supervivencia en la selva, asegura el profesor Han. Lamentablemente en nuestra vida personal y corporativa hemos utilizado estrategias propias de ellos.

Hay que entender que la libertad no es infinita, y la vida es efímera. En ese aspecto, el balance para disfrutarla y cumplir compromisos; deberes humanos, debe primar. Esta sociedad de constante rendimiento nos reduce a la vida desnuda, es decir, a la fugacidad, donde somos homini sacri, sin excepción: sagrados y excretables; muertos vivientes.

A este respecto el profesor Han testifica que: la sociedad de trabajo y rendimiento no es libre. Ella, produce nuevas obligaciones, entre el amo y el esclavo. Muestra que si no se es apto para el ocio, entonces, es un ser libre.  Pero, el mismo amo se ha convertido en esclavo del trabajo. Entonces, se entiende, como una sociedad de obligación, donde cada cual lleva consigo su campo de trabajos forzados, donde se es prisionero y celador; víctima y verdugo, a la vez. Explotados a sí mismos; seres humanos con padecimientos como, depresión aguda; síntomas patentes de TLP o SDO…, afectados por trastornos neuronales.

Recomendaciones: aprender a mirar, pensar, hablar y escribir. Cultivar la calma y paciencia; una profunda y contemplativa atención, mirada larga y pausada. Esto es, profundizar la espiritualidad. Ella nos enseña que no es necesario responder inmediatamente a los impulsos, por el contrario, controlar los instintos, para no agotarse.  Ser pasivo, y así se consigue libertad, no nuevas obligaciones. “Es una ilusión pensar que cuanto más activo uno se vuelva, más libre se es”. Por eso hay que resistirse a los excesos de la sociedad del rendimiento.

Sencillamente, su tan activo desarrollo la hace ver como una sociedad de dopaje, donde ahora no solo el cuerpo, sino el ser humano en su conjunto, se convierte en una máquina de maximización del rendimiento. Consecuencia: cansancio y agotamiento excesivo, cambios psíquicos característicos de un mundo dominado por el exceso y la sobreabundancia de positividad, que al final, provoca infarto del alma.

Han asegura que, el cansancio de la sociedad de rendimiento aísla y divide a las personas. Esto así, porque sencillamente es violencia con la que el ser humano se destruye a sí mismo. Siendo así, sin replicar, vivimos en la sociedad del cansancio.

Hasta la próxima entrega.

La autora reside en Santo Domingo

Es educadora, periodista, abogada y locutora.

santosemili@gmail.com

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Por Emilia Santos Frias

En la actualidad, las poblaciones pertenecientes a occidente: Europa, América…, sufren debido a cambios bruscos en sus hábitos y costumbres, además, por vivir de apariencias, de falso y exacerbado optimismo en el porvenir; confianza en sí mismos, motivación, ganas de estar y ser feliz. Esto inserta a la población en la sociedad del cansancio.  Llena de personas agotadas, fracasadas y depresivas, debido a la explotación a la que ellas mismas se someten, teniendo como impulso de forma equívoca, el sentimiento de libertad.

 “El individuo decide voluntariamente explotarse a sí mismo hasta la extenuación. Hoy en día carecemos de un tirano o de un rey al que oponernos diciendo no…, pero, resulta muy difícil rebelarse cuando la víctima y el verdugo; explotador y explotado, son la misma persona”.

Las aseveraciones corresponden al profesor Byung-Chul Han, experto en estudios culturales. Las ideas están plasmadas en su obra: La Sociedad del Cansancio, que agradezco al compañero de maestría, Coronel paracaidista, FARD,     Omar Gitte Mejía, por conectarme con ella.

El autor asegura que ese modelo de vida, vivido hoy, es una utopía inalcanzable, con hincapié en una sociedad en la que su población, incluyendo al ejecutivo mejor pagado, trabaja como esclavo, sin tiempo para recrearse. Yo agrego, para disfrutar de ese derecho humano y fundamental, que sencillamente gozarlo, nos permite alcanzar felicidad. Contrario a la talante  desmesura de positividad, que en definitiva es una exhibición irreal.

Por eso, el filósofo recomienda, a la población occidental abandonar conceptos como originalidad y genialidad: creación de la nada, importantes en el nuevo paradigma de vida, para buscar una mayor flexibilidad en el pensamiento, porque: “todos deberíamos jugar más y trabajar menos, para producir más". En ese orden recuerda que "los chinos, desconocen los conceptos de originalidad y genialidad, sin embargo, son responsables de casi toda invención actual, desde la pasta hasta los fuegos artificiales”.

Todas las épocas tienen sus enfermedades emblemáticas, en el siglo XXI, el autor considera que es la violencia neuronal. Ella persiste actualmente en occidente y regala depresión, trastornos por déficit de atención con hiperactividad (TDAH);  límite de la personalidad (TLP) o el síndrome de desgaste ocupacional (SDO)…,  patologías como infartos ocasionados por el constante exceso de positividad. Afirma el experto.

Esto ocurre porque, aunque las personas se creen en libertad, viven presas de su alter ego; su segundo yo, con el cual están en guerra. Es una relación consigo mismos,pero de autoexplotación, que les vuelve presa de cansancio. Porque,  la sociedad se sustrae del esquema de organización  para autoafirmarse en lo propio: “el que vive por lo mismo perecerá por lo mismo”. ¿Lo has identificado?

Se ha normalizado la violencia de la positividad: esa superproducción, super rendimiento o super comunicación, que además, mantiene en una abreacción o sentimiento, emoción intensa reprimida; descarga de inquietudes ligadas a recuerdos, experiencias infantiles penosas o dolorosas, que el cuerpo exhibe en forma digestiva neuronal. El agotamiento, fatiga y asfixia ante la sobreabundancia son manifestaciones de esa violencia neuronal. Recalca el profesor.

“La positivización del mundo permite la formación de nuevas formas de violencia, en el caso de la violencia de la positividad, esta es saturativa; exhaustiva…,  sistémica, inseparable al sistema. Por eso, la depresión, TDAH o SDO, indican exceso de positividad, y colapso del yo”.

Estemos o no de acuerdo con estas teorías, las vorágines que atravesamos en nuestra vida actual, aún en las cosas que disfrutamos, al sobreexplotarnos, con énfasis en las cargas laborales, mal uso del tiempo, largas jornadas de trabajo físico, telemático y la atención que se debe poner en el…, sin dudas, nos lleva al aburrimiento, cuando el círculo es vicioso. Hoy ser multitasking no significa  progreso para la civilización, al contrario, este efecto, es propio de los animales salvajes, para su supervivencia en la selva, asegura el profesor Han. Lamentablemente en nuestra vida personal y corporativa hemos utilizado estrategias propias de ellos.

Hay que entender que la libertad no es infinita, y la vida es efímera. En ese aspecto, el balance para disfrutarla y cumplir compromisos; deberes humanos, debe primar. Esta sociedad de constante rendimiento nos reduce a la vida desnuda, es decir, a la fugacidad, donde somos homini sacri, sin excepción: sagrados y excretables; muertos vivientes.

A este respecto el profesor Han testifica que: la sociedad de trabajo y rendimiento no es libre. Ella, produce nuevas obligaciones, entre el amo y el esclavo. Muestra que si no se es apto para el ocio, entonces, es un ser libre.  Pero, el mismo amo se ha convertido en esclavo del trabajo. Entonces, se entiende, como una sociedad de obligación, donde cada cual lleva consigo su campo de trabajos forzados, donde se es prisionero y celador; víctima y verdugo, a la vez. Explotados a sí mismos; seres humanos con padecimientos como, depresión aguda; síntomas patentes de TLP o SDO…, afectados por trastornos neuronales.

Recomendaciones: aprender a mirar, pensar, hablar y escribir. Cultivar la calma y paciencia; una profunda y contemplativa atención, mirada larga y pausada. Esto es, profundizar la espiritualidad. Ella nos enseña que no es necesario responder inmediatamente a los impulsos, por el contrario, controlar los instintos, para no agotarse.  Ser pasivo, y así se consigue libertad, no nuevas obligaciones. “Es una ilusión pensar que cuanto más activo uno se vuelva, más libre se es”. Por eso hay que resistirse a los excesos de la sociedad del rendimiento.

Sencillamente, su tan activo desarrollo la hace ver como una sociedad de dopaje, donde ahora no solo el cuerpo, sino el ser humano en su conjunto, se convierte en una máquina de maximización del rendimiento. Consecuencia: cansancio y agotamiento excesivo, cambios psíquicos característicos de un mundo dominado por el exceso y la sobreabundancia de positividad, que al final, provoca infarto del alma.

Han asegura que, el cansancio de la sociedad de rendimiento aísla y divide a las personas. Esto así, porque sencillamente es violencia con la que el ser humano se destruye a sí mismo. Siendo así, sin replicar, vivimos en la sociedad del cansancio.

Hasta la próxima entrega.

La autora reside en Santo Domingo

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