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EL MUNDO

Boxeadora argelina Imane Khelif no es transgénero

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EL CORREO. Mucha controversia y falta de información ha concitado la noticia de la victoria de la boxeadora de argelia Imane Khelif sobre la italiana Angela Carini al retirarse minutos luego del inicio de su combate en los Juegos Olímpicos de París 2024, alegando una evidente superioridad de poder y fuerza de su adversaria.

Una gran cantidad de medios y comentarios en las redes sociales a nivel mundial han iniciado el debate sobre la presencia de atletas transgéneros en los Juegos Olímpicos, alegando que la boxeadora italiana se enfrentaba a una atleta que nació varón, o sea de origen genético masculino. Ese es un alegato totalmente falso y muy distante de la realidad. En París 2024 no existe la presencia de atletas transgéneros en ninguna de las dos ramas genéticamente establecidas (masculino y femenino), en ninguna de las disciplinas deportivas en las que se compite.

Las federaciones internacionales ya han expresado a través de resoluciones su negativa de permitir atletas transgéneros compitiendo en la rama femenina sobre la base de que esto constituye una afectación o injusticia contra el deporte femenino. Por ejemplo, la Federación Internacional de Natación (FINA- hoy World Aquatics) hace pocos años declaró su interés en la inclusión, pero jamás en detrimento de las atletas femeninas. De una manera totalmente distinta, la  NCAA sí permite la competencia de atletas transgéneros, generando esto grandes controversias en dicho país (ver caso de la nadadora Lía Thomas, antes William Thomas).

Regresando a la boxeadora argelina Khelif, lejos de ser un tema vinculado a lo concerniente LGBTQ+, este es uno de los varios casos en los que algunas federaciones internacionales han establecido nuevos estándares sobre pruebas de feminidad más allá de la verificación física de genitales por parte de cuerpos médicos para determinar el sexo. Algunas federaciones han planteado que para competir en la rama femenina además de la verificación física se necesita analizar un panel hormonal, específicamente los niveles naturales de testosterona que genera su cuerpo. No hablamos de una prueba de dopaje, sino de los niveles naturales sin el consumo de ninguna sustancia exógena.

La primera federación internacional en incurrir en un nuevo parámetro para determinar la feminidad de una atleta fue la de atletismo (World Athletics), que sometió a pruebas hormonales a todas las atletas con facciones o características masculinas.

Esto generó un escándalo y una lucha jurídica cuando se le impidió competir a la atleta sudafricana Caster Semenya, salvo que se sometiera a un tratamiento médico para reducir sus niveles naturales de testosterona. Lo mismo, aunque sin mucha repercusión mediática o jurídica en su defensa, sucedió recientemente con la atleta dominicana Fiordaliza Cofil, donde la federación internacional exigió someterse a la ingesta de medicamentos para reducir su testosterona natural al nivel de feminidad establecida por ellos.

Ante esta controversia es necesario reflexionar sobre lo que es justo o no. O sea, si la atleta ingiere testosterona eso es considerado inmediatamente como dopaje-trampa y de recibe su sanción… Pero, ¿qué sucede si el cuerpo de la atleta lo produce de manera natural? ¿Eso también es una trampa? En ambos casos se le prohibiría competir. ¿Es esto justo?

El deseo de intentar igualar o garantizar el "juego justo" jamás debería de llegar a desnaturalizar el fundamento de lo que hoy se trata el deporte de alta competición, sustentado sobre la base de identificar a los talentos a temprana edad, ubicar al niño o niña con el genotipo que le da una ventaja sobre los demás en algún deporte en específico, someterle a los entrenamientos adecuados, y siguiendo las reglas del juego limpio ganar competencias. Estos nuevos estándares de feminidad de alguna manera a mi juicio, contradicen las bases de la ciencia del deporte antes expuestas.

Limitar una condición congénita para "nivelar la competencia" es como darse cuenta que el exnadador Michael Phelps es más flexible que los demás y por tanto exigirle ponerse algún accesorio en su cuerpo que limite su condición favorable para que competir con los demás sea más justo. Este análisis nos facilita entender un absurdo.

La atleta argelina que hoy es centro de comentarios a nivel mundial es mujer.

Entre 2017-2018 me tocó introducir el tema de las exigencias sobre nuevos estándares de feminidad en reuniones del comité ejecutivo de la Agencia Mundial Antidopaje (WADA), donde se tomó la decisión que dichos casos escapan del rango de acción de la WADA al no tratarse de asuntos vinculados al consumo de sustancias para aumentar el rendimiento.


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EL CORREO. Mucha controversia y falta de información ha concitado la noticia de la victoria de la boxeadora de argelia Imane Khelif sobre la italiana Angela Carini al retirarse minutos luego del inicio de su combate en los Juegos Olímpicos de París 2024, alegando una evidente superioridad de poder y fuerza de su adversaria.

Una gran cantidad de medios y comentarios en las redes sociales a nivel mundial han iniciado el debate sobre la presencia de atletas transgéneros en los Juegos Olímpicos, alegando que la boxeadora italiana se enfrentaba a una atleta que nació varón, o sea de origen genético masculino. Ese es un alegato totalmente falso y muy distante de la realidad. En París 2024 no existe la presencia de atletas transgéneros en ninguna de las dos ramas genéticamente establecidas (masculino y femenino), en ninguna de las disciplinas deportivas en las que se compite.

Las federaciones internacionales ya han expresado a través de resoluciones su negativa de permitir atletas transgéneros compitiendo en la rama femenina sobre la base de que esto constituye una afectación o injusticia contra el deporte femenino. Por ejemplo, la Federación Internacional de Natación (FINA- hoy World Aquatics) hace pocos años declaró su interés en la inclusión, pero jamás en detrimento de las atletas femeninas. De una manera totalmente distinta, la  NCAA sí permite la competencia de atletas transgéneros, generando esto grandes controversias en dicho país (ver caso de la nadadora Lía Thomas, antes William Thomas).

Regresando a la boxeadora argelina Khelif, lejos de ser un tema vinculado a lo concerniente LGBTQ+, este es uno de los varios casos en los que algunas federaciones internacionales han establecido nuevos estándares sobre pruebas de feminidad más allá de la verificación física de genitales por parte de cuerpos médicos para determinar el sexo. Algunas federaciones han planteado que para competir en la rama femenina además de la verificación física se necesita analizar un panel hormonal, específicamente los niveles naturales de testosterona que genera su cuerpo. No hablamos de una prueba de dopaje, sino de los niveles naturales sin el consumo de ninguna sustancia exógena.

La primera federación internacional en incurrir en un nuevo parámetro para determinar la feminidad de una atleta fue la de atletismo (World Athletics), que sometió a pruebas hormonales a todas las atletas con facciones o características masculinas.

Esto generó un escándalo y una lucha jurídica cuando se le impidió competir a la atleta sudafricana Caster Semenya, salvo que se sometiera a un tratamiento médico para reducir sus niveles naturales de testosterona. Lo mismo, aunque sin mucha repercusión mediática o jurídica en su defensa, sucedió recientemente con la atleta dominicana Fiordaliza Cofil, donde la federación internacional exigió someterse a la ingesta de medicamentos para reducir su testosterona natural al nivel de feminidad establecida por ellos.

Ante esta controversia es necesario reflexionar sobre lo que es justo o no. O sea, si la atleta ingiere testosterona eso es considerado inmediatamente como dopaje-trampa y de recibe su sanción… Pero, ¿qué sucede si el cuerpo de la atleta lo produce de manera natural? ¿Eso también es una trampa? En ambos casos se le prohibiría competir. ¿Es esto justo?

El deseo de intentar igualar o garantizar el "juego justo" jamás debería de llegar a desnaturalizar el fundamento de lo que hoy se trata el deporte de alta competición, sustentado sobre la base de identificar a los talentos a temprana edad, ubicar al niño o niña con el genotipo que le da una ventaja sobre los demás en algún deporte en específico, someterle a los entrenamientos adecuados, y siguiendo las reglas del juego limpio ganar competencias. Estos nuevos estándares de feminidad de alguna manera a mi juicio, contradicen las bases de la ciencia del deporte antes expuestas.

Limitar una condición congénita para "nivelar la competencia" es como darse cuenta que el exnadador Michael Phelps es más flexible que los demás y por tanto exigirle ponerse algún accesorio en su cuerpo que limite su condición favorable para que competir con los demás sea más justo. Este análisis nos facilita entender un absurdo.

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