EL MUNDO
¿Cómo decidió Trump ir a la guerra con Irán y hasta dónde está dispuesto a llegar?
Washington – La entrada de Donald Trump en una guerra contra Irán marca la decisión más trascendental de su segundo mandato, una operación de duración y objetivos inciertos que enfrenta el desafío de evitar convertirse en otro conflicto interminable como fue la guerra en Irak. Esta nueva escalada comenzó con un ataque masivo de Israel y Estados Unidos el sábado pasado, que resultó en el asesinato del ayatolá Alí Jameneí, líder supremo de Irán desde 1989.
Una decisión controversial tras meses de tensiones
El ataque a Irán no surgió de un impulso inmediato, sino como el punto culminante de meses de tensiones. Trump, que previamente se había mostrado cauteloso frente a la posibilidad de involucrarse en guerras “eternas”, inicialmente evitó la opción de eliminar a Jameneí, incluso cuando conocía su paradero en junio de 2025. Aquel año, tras ordenar el bombardeo de tres instalaciones nucleares iraníes, Trump había decidido no eliminar al líder iraní para evitar la desestabilización de la región.
Sin embargo, la situación cambió en 2026. Trump, envalentonado por el éxito de la operación militar en Venezuela, en la que se derrocó a Nicolás Maduro sin bajas estadounidenses, se mostró más agresivo con Irán. A principios de 2026, tras la dura represión de las protestas en Irán, Trump comenzó a amenazar con un ataque masivo. En paralelo, el Pentágono desplegaba una fuerte presencia militar en la región, incluidos dos portaaviones.
Del pulso diplomático a la ofensiva militar
Aunque los enviados de Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, mantenían negociaciones con Irán en Ginebra, el presidente estadounidense se agotó de los intentos diplomáticos. Irán había rechazado una oferta de Washington para suministro gratuito de combustible nuclear a cambio de renunciar al enriquecimiento de uranio, lo que impulsó la decisión de Trump.
Además, fuentes en la Administración estadounidense afirmaron que Irán poseía uranio enriquecido suficiente para fabricar hasta 11 bombas atómicas, y que su capacidad para producir hasta 50 más en solo un año lo convertía en una amenaza nuclear inminente. Ante este escenario, Marco Rubio, secretario de Estado, advirtió que Israel planeaba atacar a Irán y que este podría responder contra las bases de EE.UU. en la región. La conclusión de Washington fue clara: golpear primero.
El inicio de la operación “Furia Épica”
El viernes 3 de marzo, mientras viajaba en el Air Force One a un mitin en Texas, Trump ordenó el inicio de la operación Furia Épica, un ataque preventivo contra Irán. En un movimiento sorpresivo, el ataque se ejecutó a plena luz del día del sábado, destruyendo el cuartel general de Jameneí y eliminando a parte de la cúpula militar iraní. Irán, a su vez, denunció que el ataque también afectó a civiles, incluyendo una escuela infantil.
En represalia, Irán lanzó ataques aéreos contra Israel y las bases estadounidenses en la región, resultando en la muerte de al menos seis militares estadounidenses. Trump anticipó más bajas, un factor que podría repercutir políticamente en las elecciones de medio término de noviembre, que ponen en juego la frágil mayoría republicana en el Congreso.
El riesgo de un conflicto prolongado
El presidente estadounidense ha asegurado que la operación podría durar semanas, aunque el Pentágono ha desmentido que se trate de un conflicto "interminable" como la invasión de Irak en 2003, la cual Trump ha criticado repetidamente. Sin embargo, el Gobierno de EE.UU. ha emitido mensajes contradictorios sobre sus objetivos finales, afirmando que no se busca un cambio de régimen, mientras Trump anima al pueblo iraní a tomar el poder.
Por ahora, las consecuencias de este conflicto son inciertas. El riesgo de que se convierta en un conflicto aún más prolongado sigue latente, mientras el Departamento de Estado pide a los ciudadanos estadounidenses abandonar rápidamente los países de la región.
El futuro de la guerra con Irán
Con una ofensiva planeada de entre cuatro y cinco semanas, las próximas semanas determinarán si esta operación preventiva resultó ser un acierto estratégico o un error de cálculo. Los líderes del Congreso y la oposición demócrata han criticado que la operación no fue debidamente notificada, subrayando que solo el Congreso tiene la facultad constitucional para autorizar una guerra.
