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Arte y Gente

Hombres que nunca mueren: P. RAMÓN DUBERT

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El P. Dubert trabajó arduamente a favor de los más necesitados muchos sectores del país, Santiago Oeste no fue la excepción, con frecuencia se le veía junto a familias vulnerables acompañándole y ayudándolas a sobrevivir.

Por José García

El autor tuvo la oportunidad de trabajar a su lado, hace un mes cumplió 18 años de pasar a la inmortalidad, solo duerme, sus obras y amor perenne viven en quienes le conocimos

Extraído del periódico impreso Zona Oeste que comenzará a circular la próxima semana en Santiago Oeste.

Santiago Oeste, R.D. -El P. Ramón Dubert nació en Muros de San Pedro, Galicia, España el 31 de octubre de 1934. Tuvo nueve hermanos de los cuales tres fueron sacerdotes. Ingresó a la Compañía de Jesús en Salamanca e hizo el segundo año de noviciado en La Habana, Cuba.
Hizo la filosofía en San Cugat, Barcelona. Repetía sin cesar la enseñanza del Padre Vila quien le aconsejó trabajar ocho horas al día como un obrero. Ejerció el magisterio en el colegio de Dajabón le ganó tanto amor a la Frontera que ordenado, regresó a Dajabón y Loma de Cabrera donde estuvo de 1966 a 1974.
Fue un pionero del nuevo ministerio de presidente de asamblea. En 1974 vino a Santiago donde encontró espacio para desarrollar un ingente cúmulo de cualidades y cuajar su personalidad: párroco, constructor, director de campamentos de jóvenes, consejero, escritor (dirigía el semanario "El Camino" y el boletín litúrgico mensual "Celebraciones"), predicador. Su trato con la gente se apoyaba en la fidelidad a la amistad. Gestó muchas y sólidas amistades con las cuales construyó, publicó, organizó iglesias, libros y campamentos. No pasó desapercibido por la vida. Cuando se le celebraron sus cincuenta años de jesuita, en Manresa Loyola, habló de su vida y trató la muerte con familiaridad anunciando que en su familia se moría del corazón.

Su obispo, Monseñor Ramón de la Rosa, pidió permiso a la Compañía para enterrarlo en la parroquia de San Ramón Nonato que él había construido en la urbanización Altos de Gurabo.
Fue llorado y cantado. Se cerró su nicho al compás de canciones como "mi viejo" y "cuando un amigo se va".
Siempre recordaremos su impresionante trabajo con los campesinos en la frontera, su preparación y lanzamiento de los Presidentes de Asamblea en el Cibao y la Línea, todo su empuje de formación de ministros laicos y preparación de catequistas de adultos y de jóvenes, su iniciativa de tantos años en Caritas y con el periódico "Camino", sus continuas charlas, retiros, prédicas, su círculo de lectores y su estar al día de lo mejor de la literatura, sus conversaciones siempre apasionadas y desafiantes poniendo a dialogar la realidad y la fe, su preocupación por una formación académica y teológica de calidad, su presencia parroquial siempre dinámica y multiplicadora, sus homilías preñadas de sudor y celo por dejar algo de peso, su ser amigo y compañero."

Si imitáramos un poco al padre Ramón Dubert tendríamos una mejor patria, basada en hacer el bien, que es servirle al prójimo y amarlo como lo hace Dios.


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El P. Dubert trabajó arduamente a favor de los más necesitados muchos sectores del país, Santiago Oeste no fue la excepción, con frecuencia se le veía junto a familias vulnerables acompañándole y ayudándolas a sobrevivir.

Por José García

El autor tuvo la oportunidad de trabajar a su lado, hace un mes cumplió 18 años de pasar a la inmortalidad, solo duerme, sus obras y amor perenne viven en quienes le conocimos

Extraído del periódico impreso Zona Oeste que comenzará a circular la próxima semana en Santiago Oeste.

Santiago Oeste, R.D. -El P. Ramón Dubert nació en Muros de San Pedro, Galicia, España el 31 de octubre de 1934. Tuvo nueve hermanos de los cuales tres fueron sacerdotes. Ingresó a la Compañía de Jesús en Salamanca e hizo el segundo año de noviciado en La Habana, Cuba.
Hizo la filosofía en San Cugat, Barcelona. Repetía sin cesar la enseñanza del Padre Vila quien le aconsejó trabajar ocho horas al día como un obrero. Ejerció el magisterio en el colegio de Dajabón le ganó tanto amor a la Frontera que ordenado, regresó a Dajabón y Loma de Cabrera donde estuvo de 1966 a 1974.
Fue un pionero del nuevo ministerio de presidente de asamblea. En 1974 vino a Santiago donde encontró espacio para desarrollar un ingente cúmulo de cualidades y cuajar su personalidad: párroco, constructor, director de campamentos de jóvenes, consejero, escritor (dirigía el semanario "El Camino" y el boletín litúrgico mensual "Celebraciones"), predicador. Su trato con la gente se apoyaba en la fidelidad a la amistad. Gestó muchas y sólidas amistades con las cuales construyó, publicó, organizó iglesias, libros y campamentos. No pasó desapercibido por la vida. Cuando se le celebraron sus cincuenta años de jesuita, en Manresa Loyola, habló de su vida y trató la muerte con familiaridad anunciando que en su familia se moría del corazón.

Su obispo, Monseñor Ramón de la Rosa, pidió permiso a la Compañía para enterrarlo en la parroquia de San Ramón Nonato que él había construido en la urbanización Altos de Gurabo.
Fue llorado y cantado. Se cerró su nicho al compás de canciones como "mi viejo" y "cuando un amigo se va".
Siempre recordaremos su impresionante trabajo con los campesinos en la frontera, su preparación y lanzamiento de los Presidentes de Asamblea en el Cibao y la Línea, todo su empuje de formación de ministros laicos y preparación de catequistas de adultos y de jóvenes, su iniciativa de tantos años en Caritas y con el periódico "Camino", sus continuas charlas, retiros, prédicas, su círculo de lectores y su estar al día de lo mejor de la literatura, sus conversaciones siempre apasionadas y desafiantes poniendo a dialogar la realidad y la fe, su preocupación por una formación académica y teológica de calidad, su presencia parroquial siempre dinámica y multiplicadora, sus homilías preñadas de sudor y celo por dejar algo de peso, su ser amigo y compañero."

Si imitáramos un poco al padre Ramón Dubert tendríamos una mejor patria, basada en hacer el bien, que es servirle al prójimo y amarlo como lo hace Dios.

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