OPINIÓN
Atacar a Leonel Fernández no es estrategia: es confesión de miedo
Cuando un sector del PRM decide centrar su discurso político en atacar a Leonel Fernández, no está haciendo campaña: está admitiendo su temor. La más reciente embestida, disfrazada de “preocupación democrática”, intenta vincular al expresidente con la crisis venezolana por su relación histórica con ese país. Una maniobra burda, repetitiva y carente de sustancia, que solo confirma una verdad incómoda: Leonel es el rival a vencer y no saben cómo hacerlo.
Durante más de dos décadas, Leonel Fernández sostuvo relaciones diplomáticas con Venezuela como lo hacen todos los jefes de Estado serios: defendiendo los intereses nacionales, promoviendo la integración regional y posicionando a la República Dominicana en escenarios internacionales de alto nivel. Esa relación no fue clandestina ni ideológica; fue institucional, pública y reconocida. Atacarla hoy es reescribir la historia con tinta barata.

Mientras la claque del PRM ataca a Leonel, su líder le dispensa amistad, respeto y quizás hasta gratitud hacia el tres veces presidente, cosa que molesta a los del partido oficial, claro, no a todos, solo a la Claque. En dicha foto coincidieron a la boda de dos familias periodistas importantes del país, en la primera aparecen sentados con la primera dama en medio, en la otra, el presidente llama a Fernández a colocarse en medio de los dos, cosa que nunca ha hecho con un perremeista

Lo más grave es la hipocresía política. Quienes hoy lanzan piedras desde el PRM gobiernan el país, manejan relaciones exteriores, reconocen gobiernos, firman acuerdos y sostienen vínculos internacionales sin que eso los convierta en cómplices de las crisis internas de otras naciones. ¿O acaso la diplomacia solo es pecado cuando se llama Leonel Fernández?
La realidad es simple y contundente: la situación de Nicolás Maduro no afecta en lo más mínimo el liderazgo, la legitimidad ni el prestigio internacional de Leonel Fernández. Fernández no necesita padrinos ni tutelas extranjeras. Es un estadista reconocido, citado en universidades, escuchado en foros multilaterales y respetado por líderes de distintas corrientes ideológicas. Su nombre pesa, molesta y genera nerviosismo, especialmente en quienes no tienen con qué compararse.
Estos ataques no debilitan a Leonel; lo fortalecen. En política, nadie es blanco de campañas sucias si no representa una amenaza real de poder. Y hoy, guste o no, Leonel Fernández es el dirigente con mayores posibilidades de ganar las próximas elecciones. Tiene estructura, experiencia, discurso y algo que escasea en la política actual: capacidad probada de gobernar.
Hay otro dato que incomoda y por eso se oculta: el respeto personal y político entre Leonel Fernández y el presidente Luis Abinader. Ambos entienden el Estado, las reglas del juego democrático y la importancia de la estabilidad institucional. No es descabellado pensar —como muchos lo hacen en voz baja— que llegado el momento, Abinader preferiría entregar el poder a un Leonel Fernández antes que ver al país caer en manos de la improvisación, el populismo sin rumbo o el aventurerismo político.
La campaña sucia es el último recurso del que no tiene propuesta, ni liderazgo, ni narrativa propia. Cuando no se puede vencer con ideas, se intenta destruir con sospechas, lo cual es propio solamente del estiércol y la mediocridad politica. Pero la historia dominicana ha demostrado algo una y otra vez: los ataques pasan, el liderazgo permanece.
Y hoy, cada golpe bajo contra Leonel Fernández no hace más que confirmar una sola cosa: el miedo ha cambiado de bando.
Por el Lic. Leonardo A. Tavarez Valerio Abogado y Consultor
