El Cibao
Cuatro años de promesas incumplidas mantienen en el olvido la carretera Guayabal–Constanza
La conexión estratégica entre el Sur y el Cibao sigue siendo un camino de piedras y frustración. A pesar de que en 2022 se anunció una inversión de RD$400 millones para transformar la ruta que une a Guayabal (Azua) con Constanza (La Vega), la obra brilla por su ausencia en el Presupuesto General del Estado, dejando a más de 20 comunidades de la Cordillera Central atrapadas en el subdesarrollo.
Un trayecto de 27 kilómetros convertido en una carrera de obstáculos
Lo que debería ser una vía de desarrollo es hoy un tramo peligroso. Desde El Tetero hasta Constanza, el recorrido evidencia un deterioro extremo con derrumbes constantes y caminos pedregosos. La falta de intervención integral afecta directamente a localidades como:
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Las Lagunas y Los Fríos.
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El Montazo y Los Guayuyos.
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Las Lajas y El Tetero.
Para estos residentes, la carretera no es un lujo, sino una necesidad de vida o muerte. Denuncian que el traslado de pacientes en emergencias es casi imposible, convirtiendo cualquier complicación de salud en una tragedia potencial debido al estado del terreno.
Obras a medias y el eterno conflicto con Medio Ambiente
Aunque se asfaltaron algunos tramos entre Los Fríos y zonas aledañas, los trabajos se detuvieron antes de lo esperado. Los comunitarios señalan fallos críticos de ingeniería y logística:
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Falta de un puente sobre el río Las Lajas.
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Ausencia de alcantarillado, lo que provoca inundaciones en viviendas y caminos escolares con cada lluvia.
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Trabas burocráticas: Autoridades locales alegan que el Ministerio de Medio Ambiente limita el mantenimiento por ser zona protegida, aunque la comunidad aclara que solo piden acondicionar la vía que ya existe, no deforestar.
Una lucha que lleva décadas en las calles
Desde cadenas humanas en 2016 hasta protestas recientes en julio de 2025, los habitantes de la Cordillera Central no han dejado de reclamar. A pesar de que el presidente Luis Abinader ha reiterado el compromiso del Gobierno con esta ruta, los hechos no acompañan a las palabras. Mientras el Ministerio de Obras Públicas realiza inspecciones junto a la Iglesia católica, el lodo y las piedras siguen siendo los únicos dueños de la carretera.
