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Biden rompe amarras con Mohamed y cambia estrategia hacia Arabia Saudí

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El presidente de EEUU utiliza el asesinato del periodista Khashoggi para recalibrar las relaciones entre Arabia Saudí y su país. La publicación íntegra de un informe de la Inteligencia americana sobre el suceso confirma el cambio de rumbo

Mohammed  bin Salman, príncipe heredero de Arabia Saudí, en un evento deportivo en Riad.
Mohammed bin Salman, príncipe heredero de Arabia Saudí, en un evento deportivo en Riad.Saudi Press AgencyVIA REUTERS

La luna de miel de cuatro años de Estados Unidos con Arabia Saudí de la presidencia de Donald Trump se ha terminado. El Gobierno de Joe Biden tenía previsto publicar ayer un informe de los servicios de inteligencia acerca del asesinato del periodista Jamal Khashoggi, columnista del 'Washington Post', en el consulado de Arabia Saudí en la ciudad turca de Estambul, que, según la prensa estadounidense, incrimina directamente al heredero al trono saudí y rey 'de facto' de ese país, Mohamed bin Salma, o, como se le conoce coloquialmente por sus iniciales, MBS.

La señal del distanciamiento no es el informe. Lo es su publicación. El documento, de hecho, fue entregado al Congreso, pero de manera restringida, hace más de dos años. El hecho de que ahora sea puesto a disposición del público parece indicar que Biden no tiene ningún interés en que MBS siga eludiendo la responsabilidad política del asesinato de Khashoggi, que, según los servicios secretos turcos y de Qatar, fue descuartizado vivo en el consulado.

Arabia Saudí dio múltiples versiones acerca de la desaparición de Khashoggi, incluyendo la de que no murió en el consulado, antes de acabar fijando una postura oficial, según la cual el periodista fue asesinado por elementos fuera de control de los servicios secretos saudíes. En 2019, la Justicia saudí condenó a cinco funcionarios a muerte por el asesinato de Khashoggi, aunque al año siguiente su pena les fue conmutada por la de 20 años de cárcel.

El asesinato de Khashoggi – sobrino del famoso traficante de armas y 'estrella' de las noches de Marbella en la década de los ochenta Adnan Kashogui – va mucho más allá de una mera violación de los derechos humanos y de ataque a la libertad de expresión. De hecho, está conectada con las luchas de poder en Washington y en Riad, y toca, indirectamente, a Israel, Turquí y Qatar. Así que la publicación del documento es un manifiesto geoestratégico de Biden.

El periodista asesinado era cercano al príncipe Turki al-Faisal, que fue jefe de los servicios de espionaje de Arabia Saudí durante 22 años, desde 1979 (el año de la Revolución Islámica en Irán y de la invasión soviética de Afganistán) hasta 2001 (cuando dejó el cargo exactamente diez días antes de los atentados del 11-S). En esas dos décadas, Turki jugó un papel clave en la alianza entre EEUU y Arabia Saudí para combatir al Irán de Jomeini y, también, en la 'internacionalización' de la resistencia antisoviética de Afganistán por medio del envío de decenas de miles de voluntarios de todo el mundo árabe, mucho más fanáticos que los afganos que combatían a los comunistas. Entre esos voluntarios está uno particularmente famoso: Osama bin Laden. Según narra el periodista pakistaní Ahmed Rashid en su libro de 2000 'Talibán', editado en España por Península, Turki fue clave en la creación de los talibán, y, hasta poco antes del 11-S, solía cazar avutardas con Bin Laden en la región de Kandahar, en Afganistán. El príncipe, que ha negado esas afirmaciones, fue enviado como embajador a Gran Bretaña, primero, y a Estados Unidos, después del 11-S, como parte de la estrategia saudí de recomponer sus relaciones con Occidente tras los atentados.

En esta imagen de archivo, Sherine Tadros, directora de la Oficina de Anistía Internacional de la ONU, en Nueva York, habla sobre el caso Khashoggi.
En esta imagen de archivo, Sherine Tadros, directora de la Oficina de Anistía Internacional de la ONU, en Nueva York, habla sobre el caso Khashoggi.TIMOTHY A. CLARYAFP

El progresivo deterioro de las facultades mentales del rey de Arabia Saudí, Salman, que, al menos desde 2015 sufre Alzheimer, según la prensa occidental, cambió la ecuación de poder en el país. El príncipe heredero, MBS, tomó las riendas del poder y llevó a cabo una formidable 'purga' de la vieja guardia, entre la que está Turki, el protector de Khashoggi. MBS también ha lanzado un programa de modernización de Arabia Saudí basado en el modelo chino, es decir, ofreciendo oportunidades de liberalización económica y de apertura al extranjero en términos de comercio e inversión, lo que ha incluido tratar de reducir la dependencia del país del petróleo y la privatización parcial de la compañía estatal de hidrocarburos, Saudi Aramco, la mayor empresa del mundo por valor en bolsa. A cambio, ha reforzado el ya de por sí estricto control político del país.

Esas transformaciones se produjeron, además, con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. La nueva agenda fue aceptada de inmediato por el presidente, y MBS, además, logró forjar una excelente relación con el yerno y asesor de Trump, Jared Kushner, en parte gracias a una nevada en Washington en 2017 que obligó al príncipe a quedarse varios días en la capital de Estados Unidos en 2017. No es casualidad que el primer viaje que Trump hizo al extranjero fuera, precisamente, a Arabia Saudí y a Israel.

Así es como la relación entre EEUU y Arabia Saudí con Trump superó incluso los niveles que había tenido con presidentes como Ronald Reagan, George Bush 'padre' y Bill Clinton. Washington reforzó su apoyo a Riad en su guerra en Yemen, y los dos países avanzaron en la senda del reconocimiento del estado de Israel por los países árabes, entre ellos los Emiratos, Marruecos, Sudán, y Bahréin, todos ellos aliados de Arabia Saudí (y, en el caso de Bahréin, prácticamente una colonia).

Pero la llegada de Biden ha roto esa ecuación. Y también con Israel. Si Barack Obama llamó al primer ministro israelí, Ehud Olmert, en las primeras 24 horas tras su llegada a la Casa Blanca, a Biden le ha llevado un mes contactar con Benjamin Netanyahu. Con Arabia Saudí la Casa Blanca ha suspendido la ayuda militar a la guerra en Yemen, y ha declarado que va a "revaluar" sus relaciones con el país que, además, serán llevadas a cabo directamente "con su homólogo", o sea, con el rey Salman, y no con el príncipe. No está claro que Salman esté en condiciones de ejercer el liderazgo del país. Pero lo que sí está claro es que la 'línea directa' de MBS con Washington se ha acabado. El informe de la muerte de Khashoggi es el acta del divorcio entre el príncipe heredero uy la Casa Blanca.

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El presidente de EEUU utiliza el asesinato del periodista Khashoggi para recalibrar las relaciones entre Arabia Saudí y su país. La publicación íntegra de un informe de la Inteligencia americana sobre el suceso confirma el cambio de rumbo

Mohammed  bin Salman, príncipe heredero de Arabia Saudí, en un evento deportivo en Riad.
Mohammed bin Salman, príncipe heredero de Arabia Saudí, en un evento deportivo en Riad.Saudi Press AgencyVIA REUTERS

La luna de miel de cuatro años de Estados Unidos con Arabia Saudí de la presidencia de Donald Trump se ha terminado. El Gobierno de Joe Biden tenía previsto publicar ayer un informe de los servicios de inteligencia acerca del asesinato del periodista Jamal Khashoggi, columnista del 'Washington Post', en el consulado de Arabia Saudí en la ciudad turca de Estambul, que, según la prensa estadounidense, incrimina directamente al heredero al trono saudí y rey 'de facto' de ese país, Mohamed bin Salma, o, como se le conoce coloquialmente por sus iniciales, MBS.

La señal del distanciamiento no es el informe. Lo es su publicación. El documento, de hecho, fue entregado al Congreso, pero de manera restringida, hace más de dos años. El hecho de que ahora sea puesto a disposición del público parece indicar que Biden no tiene ningún interés en que MBS siga eludiendo la responsabilidad política del asesinato de Khashoggi, que, según los servicios secretos turcos y de Qatar, fue descuartizado vivo en el consulado.

Arabia Saudí dio múltiples versiones acerca de la desaparición de Khashoggi, incluyendo la de que no murió en el consulado, antes de acabar fijando una postura oficial, según la cual el periodista fue asesinado por elementos fuera de control de los servicios secretos saudíes. En 2019, la Justicia saudí condenó a cinco funcionarios a muerte por el asesinato de Khashoggi, aunque al año siguiente su pena les fue conmutada por la de 20 años de cárcel.

El asesinato de Khashoggi – sobrino del famoso traficante de armas y 'estrella' de las noches de Marbella en la década de los ochenta Adnan Kashogui – va mucho más allá de una mera violación de los derechos humanos y de ataque a la libertad de expresión. De hecho, está conectada con las luchas de poder en Washington y en Riad, y toca, indirectamente, a Israel, Turquí y Qatar. Así que la publicación del documento es un manifiesto geoestratégico de Biden.

El periodista asesinado era cercano al príncipe Turki al-Faisal, que fue jefe de los servicios de espionaje de Arabia Saudí durante 22 años, desde 1979 (el año de la Revolución Islámica en Irán y de la invasión soviética de Afganistán) hasta 2001 (cuando dejó el cargo exactamente diez días antes de los atentados del 11-S). En esas dos décadas, Turki jugó un papel clave en la alianza entre EEUU y Arabia Saudí para combatir al Irán de Jomeini y, también, en la 'internacionalización' de la resistencia antisoviética de Afganistán por medio del envío de decenas de miles de voluntarios de todo el mundo árabe, mucho más fanáticos que los afganos que combatían a los comunistas. Entre esos voluntarios está uno particularmente famoso: Osama bin Laden. Según narra el periodista pakistaní Ahmed Rashid en su libro de 2000 'Talibán', editado en España por Península, Turki fue clave en la creación de los talibán, y, hasta poco antes del 11-S, solía cazar avutardas con Bin Laden en la región de Kandahar, en Afganistán. El príncipe, que ha negado esas afirmaciones, fue enviado como embajador a Gran Bretaña, primero, y a Estados Unidos, después del 11-S, como parte de la estrategia saudí de recomponer sus relaciones con Occidente tras los atentados.

En esta imagen de archivo, Sherine Tadros, directora de la Oficina de Anistía Internacional de la ONU, en Nueva York, habla sobre el caso Khashoggi.
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El progresivo deterioro de las facultades mentales del rey de Arabia Saudí, Salman, que, al menos desde 2015 sufre Alzheimer, según la prensa occidental, cambió la ecuación de poder en el país. El príncipe heredero, MBS, tomó las riendas del poder y llevó a cabo una formidable 'purga' de la vieja guardia, entre la que está Turki, el protector de Khashoggi. MBS también ha lanzado un programa de modernización de Arabia Saudí basado en el modelo chino, es decir, ofreciendo oportunidades de liberalización económica y de apertura al extranjero en términos de comercio e inversión, lo que ha incluido tratar de reducir la dependencia del país del petróleo y la privatización parcial de la compañía estatal de hidrocarburos, Saudi Aramco, la mayor empresa del mundo por valor en bolsa. A cambio, ha reforzado el ya de por sí estricto control político del país.

Esas transformaciones se produjeron, además, con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. La nueva agenda fue aceptada de inmediato por el presidente, y MBS, además, logró forjar una excelente relación con el yerno y asesor de Trump, Jared Kushner, en parte gracias a una nevada en Washington en 2017 que obligó al príncipe a quedarse varios días en la capital de Estados Unidos en 2017. No es casualidad que el primer viaje que Trump hizo al extranjero fuera, precisamente, a Arabia Saudí y a Israel.

Así es como la relación entre EEUU y Arabia Saudí con Trump superó incluso los niveles que había tenido con presidentes como Ronald Reagan, George Bush 'padre' y Bill Clinton. Washington reforzó su apoyo a Riad en su guerra en Yemen, y los dos países avanzaron en la senda del reconocimiento del estado de Israel por los países árabes, entre ellos los Emiratos, Marruecos, Sudán, y Bahréin, todos ellos aliados de Arabia Saudí (y, en el caso de Bahréin, prácticamente una colonia).

Pero la llegada de Biden ha roto esa ecuación. Y también con Israel. Si Barack Obama llamó al primer ministro israelí, Ehud Olmert, en las primeras 24 horas tras su llegada a la Casa Blanca, a Biden le ha llevado un mes contactar con Benjamin Netanyahu. Con Arabia Saudí la Casa Blanca ha suspendido la ayuda militar a la guerra en Yemen, y ha declarado que va a "revaluar" sus relaciones con el país que, además, serán llevadas a cabo directamente "con su homólogo", o sea, con el rey Salman, y no con el príncipe. No está claro que Salman esté en condiciones de ejercer el liderazgo del país. Pero lo que sí está claro es que la 'línea directa' de MBS con Washington se ha acabado. El informe de la muerte de Khashoggi es el acta del divorcio entre el príncipe heredero uy la Casa Blanca.

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