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EL PAIS

🌊 Contaminación en la presa de Hatillo: crisis pesquera y sanitaria en Sánchez Ramírez

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Sánchez Ramírez. – La presa de Hatillo, ubicada en el distrito municipal de Quita Sueño, en Cotuí, ha sido durante décadas el corazón económico de cientos de familias que dependen de la pesca. Sin embargo, esta actividad vital se encuentra en un colapso progresivo debido a la creciente contaminación que afecta las aguas del embalse.

La degradación ambiental y la desaparición de especies

Los residentes de la zona han notado una alarmante degradación ambiental que ha llevado a la desaparición de peces y otras especies que antes eran comunes. "Ya no hay peces, ya ni siquiera se ven pajaritos", lamentan los habitantes, reflejando la desesperación ante una situación que se agrava día a día.

La comunidad de San Rafael: un testigo cercano

A tan solo dos kilómetros de la presa se encuentra la comunidad de San Rafael, también conocida como Cascajal. Sus habitantes han observado que, en los últimos años, y especialmente en los últimos cinco meses, el agua ha adquirido una coloración verdosa y una textura más densa, lo que ha generado preocupación sobre su calidad.

Alerta de la Academia de Ciencias

La Academia de Ciencias de la República Dominicana (ACRD) ha expresado su preocupación por la situación del embalse, atribuyendo la degradación a un exceso de nutrientes y a la proliferación masiva de cianobacterias del género Microcystis. Esta situación no solo afecta a la fauna acuática, sino que también pone en riesgo la salud de las comunidades cercanas.

Industrias en la mira

Alrededor de la presa operan varias industrias, y los comunitarios han señalado a empresas como Barrick Gold, Falconbridge y la fábrica de bloques Calizamar como posibles responsables de la contaminación del área. La combinación de actividades industriales y la falta de regulación adecuada ha contribuido a la crisis actual.

Pérdida del sustento económico

La pesca ha sido una de las principales fuentes de empleo para los hombres de la comunidad, generando ingresos significativos. "Al que le iba bien podía ganar hasta diez mil pesos en un día", comentó Yesi Alberto Nolasco, quien ahora se ha visto obligado a cambiar su actividad a la construcción debido a la escasez de peces.

Historias de lucha y adaptación

José Rodríguez, otro residente, ha tenido que adaptarse a un nuevo horario de trabajo nocturno en Cotuí: "Llego a mi casa a la 1:00 de la madrugada; hay que irse porque aquí no hay otra cosa que hacer". Nicolás Mejía Rosario, un pescador de toda la vida, también ha notado la drástica reducción de peces, especialmente de las tilapias grises, que solían ser abundantes.

Calidad del agua potable en entredicho

Las comunidades cercanas dependen del agua potable tratada proveniente de la presa y de pozos tubulares. Sin embargo, los residentes han reportado irregularidades en el servicio, indicando que el agua a veces llega turbia y con un tono amarillento. "Uno coge el agua y a los dos días no la puede usar, porque el tanque se pone negro y sale una lama verde arriba", comentó Carmen Reyes, moradora de Cascajal.

El costo de la salud

A pesar de que algunos compran botellones para beber y cocinar, muchos no pueden costear este gasto para todas las labores domésticas. Además, algunos residentes han reportado irritaciones en la piel y otras molestias físicas tras el contacto con el agua contaminada. Nicolás Mejía mencionó: "Hay gente que entra al agua y sale con una comezón. Yo mismo no la aguanto".

Un llamado urgente a la intervención estatal

La ACRD ha advertido que la proliferación de cianobacterias representa una grave amenaza para el ecosistema y para las comunidades que dependen del embalse. Se requiere una intervención estructural y sostenida por parte de las instituciones del Estado para abordar esta crisis. Las causas identificadas incluyen el uso intensivo de fertilizantes, el arrastre de materia orgánica hacia el embalse, la reducción del nivel de agua durante sequías prolongadas y los vertidos de operaciones mineras en el entorno.

Mientras tanto, la comunidad de Cascajal y otros sectores cercanos enfrentan un panorama de incertidumbre. La pérdida de su principal actividad económica y las crecientes preocupaciones sobre la calidad del agua y la salud de sus habitantes son desafíos que requieren atención inmediata y soluciones efectivas.


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Sánchez Ramírez. – La presa de Hatillo, ubicada en el distrito municipal de Quita Sueño, en Cotuí, ha sido durante décadas el corazón económico de cientos de familias que dependen de la pesca. Sin embargo, esta actividad vital se encuentra en un colapso progresivo debido a la creciente contaminación que afecta las aguas del embalse.

La degradación ambiental y la desaparición de especies

Los residentes de la zona han notado una alarmante degradación ambiental que ha llevado a la desaparición de peces y otras especies que antes eran comunes. "Ya no hay peces, ya ni siquiera se ven pajaritos", lamentan los habitantes, reflejando la desesperación ante una situación que se agrava día a día.

La comunidad de San Rafael: un testigo cercano

A tan solo dos kilómetros de la presa se encuentra la comunidad de San Rafael, también conocida como Cascajal. Sus habitantes han observado que, en los últimos años, y especialmente en los últimos cinco meses, el agua ha adquirido una coloración verdosa y una textura más densa, lo que ha generado preocupación sobre su calidad.

Alerta de la Academia de Ciencias

La Academia de Ciencias de la República Dominicana (ACRD) ha expresado su preocupación por la situación del embalse, atribuyendo la degradación a un exceso de nutrientes y a la proliferación masiva de cianobacterias del género Microcystis. Esta situación no solo afecta a la fauna acuática, sino que también pone en riesgo la salud de las comunidades cercanas.

Industrias en la mira

Alrededor de la presa operan varias industrias, y los comunitarios han señalado a empresas como Barrick Gold, Falconbridge y la fábrica de bloques Calizamar como posibles responsables de la contaminación del área. La combinación de actividades industriales y la falta de regulación adecuada ha contribuido a la crisis actual.

Pérdida del sustento económico

La pesca ha sido una de las principales fuentes de empleo para los hombres de la comunidad, generando ingresos significativos. "Al que le iba bien podía ganar hasta diez mil pesos en un día", comentó Yesi Alberto Nolasco, quien ahora se ha visto obligado a cambiar su actividad a la construcción debido a la escasez de peces.

Historias de lucha y adaptación

José Rodríguez, otro residente, ha tenido que adaptarse a un nuevo horario de trabajo nocturno en Cotuí: "Llego a mi casa a la 1:00 de la madrugada; hay que irse porque aquí no hay otra cosa que hacer". Nicolás Mejía Rosario, un pescador de toda la vida, también ha notado la drástica reducción de peces, especialmente de las tilapias grises, que solían ser abundantes.

Calidad del agua potable en entredicho

Las comunidades cercanas dependen del agua potable tratada proveniente de la presa y de pozos tubulares. Sin embargo, los residentes han reportado irregularidades en el servicio, indicando que el agua a veces llega turbia y con un tono amarillento. "Uno coge el agua y a los dos días no la puede usar, porque el tanque se pone negro y sale una lama verde arriba", comentó Carmen Reyes, moradora de Cascajal.

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A pesar de que algunos compran botellones para beber y cocinar, muchos no pueden costear este gasto para todas las labores domésticas. Además, algunos residentes han reportado irritaciones en la piel y otras molestias físicas tras el contacto con el agua contaminada. Nicolás Mejía mencionó: "Hay gente que entra al agua y sale con una comezón. Yo mismo no la aguanto".

Un llamado urgente a la intervención estatal

La ACRD ha advertido que la proliferación de cianobacterias representa una grave amenaza para el ecosistema y para las comunidades que dependen del embalse. Se requiere una intervención estructural y sostenida por parte de las instituciones del Estado para abordar esta crisis. Las causas identificadas incluyen el uso intensivo de fertilizantes, el arrastre de materia orgánica hacia el embalse, la reducción del nivel de agua durante sequías prolongadas y los vertidos de operaciones mineras en el entorno.

Mientras tanto, la comunidad de Cascajal y otros sectores cercanos enfrentan un panorama de incertidumbre. La pérdida de su principal actividad económica y las crecientes preocupaciones sobre la calidad del agua y la salud de sus habitantes son desafíos que requieren atención inmediata y soluciones efectivas.

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